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“El títere en la
escuela rural”
O el engaño del
titiritero y sus organizadores
Muchas veces los docentes
tenemos que lidiar con las inclemencias del tiempo. La
falta de posibilidades que desde adentro de las
instituciones nos implanta un estado de desazón y
prohibiciones a la hora de plasmar, con nuestros alumnos,
el producto de lo aprendido. Buscamos dentro del marco de
posibilidades que nos da el saber y el aprender. Así fue
como en noviembre de 2007 tomé la iniciativa de concurrir
a los talleres “El teatro de títeres en la escuela como
herramienta socio- pedagógica”, que las prestigiosas
empresas CARTOCOR, FUNDACIÓN ARCOR y programa EL
ESCONDITE nos ofertaron a los maestros de Luján.
La propuesta de los
organizadores fue que el resultado de lo adquirido en los
talleres fuera presentado en el certamen que el sábado 30
de agosto se realizara en el teatro "Trinidad
Guevara". Me pareció interesante llevarlo a cabo
durante estos meses del año lectivo, y concretar el
proyecto con los alumnos de la escuela Nº 30. Los chicos
trabajaron en la confección de los títeres, el guión de
la obra a presentar, y pusieron todas sus ganas y
energías para aprender y ensayar cada uno su texto, y con
entusiasmo concurrieron a mostrar a los demás su obra
representada.
Pero NO, cuando ellos,
los chicos, estaban ahí, en el escenario, con sus ganas,
los nervios por ser la primera vez que iban a actuar en
público, vinieron la señora Camila, organizadora del
evento, y el señor licenciado Carlos Szulkin y decidieron
que no, que no podían plasmar ese montón de ilusiones
que fueron acumulando durante meses.
Lo que quiero decirles a
ellos, a los que organizaron este desplante es: "¡No
se juega con la ilusión de nadie, menos con las de un
niño!". Señor licenciado y señora
organizadora. Tal vez nunca más estos chicos tengan la
posibilidad de estar sobre un escenario y mostrar con
orgullo todo el producto de su esfuerzo. ¿No les parece?
María de los Ángeles
Valiente
Maestra de Plástica
Villa Teresa y “El
filántropo que nunca envejeció”
Existen muchos tipos de
personas.
Voy a mencionar en esta
oportunidad sólo a algunas de ellas.
Están las que sólo
piensan en sí mismas. Su mundo comienza y termina en
ellos mismos.
También existe otro tipo
de personas; las que se saben insertas en el universo,
sienten identificación con su nación, con su provincia y
con su comuna.
Los primeros gastan cada
segundo de sus valiosas vidas en una carrera desenfrenada
por ser... los más ricos... del cementerio.
Cada una de las personas
que se cruzan por su vida cumplen una función útil para
ellos y tienen un número en la frente y un valor
económico.
Pero... no vale la pena
perder tiempo en ellas.
Seguramente hay muchos
tipos más.
Las personas más
importantes de una sociedad son, a mi juicio, las que se
saben útiles y lo prueban. Cualquiera sea el lugar que
ocupen en la escala social, no importa el trabajo que
desempeñen, su profesión, oficio u ocupación o si
tienen un peso o dos.
Estas personas viven su
identidad, saben que son únicas y sin duda alguna dejan
huella.
Tienen vida más allá de
la vida.
Querría en esta
oportunidad mencionar a don Juan Bautista Barnech.
La Sociedad Francesa de
Socorros Mutuos, el Rotary Club, el Hogar Granja de
Ancianos “Padre Varela”, el Hospital “Nuestra
Señora de Luján”, la Biblioteca Ameghino y la Escuela
Normal Superior “Florentino Ameghino” pueden dar
cuenta de sus pasos y de su esfuerzo en bien de la
comunidad. Él donó la casa sita en la intersección de
las calles San Martín y L. N Alem, su casa, para que
fuera una escuela.
¡Una escuela! Un lugar
lleno de vida joven, en crecimiento, en formación.
No pudo dejar don Juan un
regalo más precioso a la ciudad que lo vio nacer.
Un bellísimo lugar,
estratégicamente ubicado, con una arquitectura
excepcional y un parque precioso.
Lamentablemente su
cuidado deja mucho que desear y su puesta en valor
todavía espera.
Hablemos aquí de otro
tipo de personas: nosotros, el resto de los ciudadanos.
Podemos preocuparnos por
ver qué se hace con lo que tan generosamente donara don
Juan o pasar por allí sin ver, sin ocuparnos y sin
preguntar.
Tal vez estemos tan
ocupados que no tengamos tiempo de comprometernos... ya
sabemos, hay prioridades.
Si dejamos hacer... o no
hacer... nos hacemos cómplices de la desidia y del
abandono.
Creo que don Juan
Barnech, su memoria y su familia, que se ha visto privada
de ese patrimonio, merecen que nos ocupemos de que tan
valioso lugar cumpla las funciones para las que fue donado
en tiempo y forma, aunque se use como escuela o centro
cultural.
¡Vida!... mas allá de
la vida.
Beatriz Palacios
Lic. en turismo cultural |