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Sobre
enfermos y silencios
En ocasiones, las
palabras políticamente correctas se transforman en un
marco demasiado acotado como para describir desde un texto
periodístico las sensaciones que despierta una noticia. Y
en ese contexto se ubica la información que hoy ocupa el
tema central de tapa de este medio y las páginas 6 y 7.
Son los casos en los que el redactor tiene unas ganas
incontenibles de apelar al insulto.
Tres sujetos a los que
los propios jueces que los sentenciaron preferían ni
siquiera llamarlos “hombres”, fueron condenados a 20 y
18 años de prisión por corrupción de menores agravada,
luego de comprobar que en reiteradas oportunidades estos
enfermos tuvieron relaciones sexuales con niños que
mendigaban en la plaza Belgrano. Lo hacían a cambio de 5,
10 o 15 pesos, de una hamburguesa, de ropa, de una vuelta
en cuatriciclo.
Los condenados por este
delito que el Tribunal en lo Criminal Nº 3 de Mercedes no
dudó en calificar de “aberrante”, “pavoroso”, “tremendo”,
entre otros acertados adjetivos, son Aldo Aníbal
Montelpare, Fernando Aníbal Huenchuñir y Carlos Manuel
Huenchuñir. Una verdadera pena que las limitaciones
tecnológicas nos impidan reflejar los nombres de estos
delincuentes en colores fluorescentes, para que no quede
ningún lector sin repasar el motivo de sus menciones.
Tantos los jueces que
dictaron sentencia como los magistrados que intervinieron
en la investigación de los hechos, creen que el fallo es
justo, pero sólo puede aportar un granito de arena en la
reparación que debería generar en las víctimas.
A juzgar por los
testimonios que se escucharon en las audiencias, esos
chicos –hoy adolescentes- sufrieron daños que
difícilmente logren superar en sus vidas.
Pero no es la dureza –o
lo justo, en todo caso- de la sentencia lo que sobresale
del fallo. Lo que más debe generar impacto en la sociedad
y en quienes tienen las herramientas para modificar
realidades atroces, es el pedido de los jueces Alejandro
Caride, Ricardo Marfía y Eduardo Costía para que las
actuaciones vuelvan a la Unidad Fiscal de Investigaciones
porque hay mucho más por revelar, comprobar y juzgar. Un
pedido que, vale aclararlo, también respalda el juez de
Menores Dr. Marcelo Giacoia, iniciador de la
investigación.
Los magistrados creen
tener información suficiente como para rastrear abusos
que habrían sufrido al menos ocho chicos más y cuyos
autores no se circunscriben a los tres degenerados que
pagan sus culpas tras las rejas, sino que se menciona a
tres adultos más. También se inscribe en el listado de
deudas para sentar en el banquillo de los acusados el
médico que en un “consultorio” detrás de la
Basílica le practicó un aborto a una menor, a pedido de
su abusador.
Lo ocurrido y juzgado, y
lo ocurrido y que está pendiente de su ingreso a un
Tribunal, sucedió en la plaza Belgrano y en su entorno;
en las calles y veredas más concurridas de la ciudad; en
baños de confiterías céntricas; en las narices de la
Basílica. En otras palabras, ocurrió a la vista de
muchos, la mayoría de los cuales optó y sigue optando
por el silencio.
En el diálogo que
publicamos en esta edición con el juez Marcelo Giacoia,
se admite que será difícil reparar el daño a los
menores. Pero el magistrado cree que una sentencia como la
dictada puede “abrir los ojos a más de uno”. Porque
la plaza Belgrano no está inmaculada. Por el contrario,
siguen ocurriendo hechos pavorosos. Y son muchos los que
miran, pero parece que no ven. |