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Pegan rápido el portazo
Humberto Guibaud se fue
de la gestión encabezada por Graciela Rosso. Cerró su
ciclo de secretario de Gobierno y no regresa al Concejo
Deliberante porque había renunciado a su banca.
No será un problema para
el ex funcionario de Luján y de General Rodríguez. Desde
lo personal, más temprano que tarde, Guibaud presentará
sus carpetas curriculares ante algún líder político con
las conexiones necesarias y se reinsertará en el mundo
laboral con un salario seguramente más alto que el
conseguido por el promedio de los ciudadanos.
En verdad, la propia ex
senadora y ex diputada provincial María Inés Fernández
apostó sus fichas de ganadora a la candidatura de Rosso,
pero previendo que la sociedad no sería sencilla se
buscó –y consiguió- un cargo lejos de Luján, en la
estructura del gobierno provincial. Fue designada lejos de
Luján y lejos de la inestabilidad laboral en caso de
romper lazos con Rosso, como parece confirmarse esta
semana.
Aunque la estructura del
gobierno local se caiga a pedazos, ella seguirá siendo
directora de Enlace Parlamentario Provincial.
Andrés Salvatto dio otro
portazo. Entendió que el gobierno que le ofreció un
cargo bajo la órbita de Control Urbano –en la misma
área que lo había nombrado Miguel Prince- no ofrecía el
marco para realizar el trabajo tal como él pensaba.
Salvatto se fue de la función pública pero tiene su
estabilidad laboral asegurada. Seguirá en sus ocupaciones
privadas hasta que llegue otra oferta tentadora.
Lo mismo se podría decir
de Fabián Pérez, quien deja la responsabilidad del área
del Prensa Municipal pero no querría sacar los pies del
plato: seguiría ligado a la Municipalidad. Y si así no
fuera, también tendría caminos alternativos para
trabajar en lo suyo.
Situaciones similares se
pueden describir para los potenciales alejamientos: la
doctora Ana Ferrarotti, la doctora Marcela Darré, el
comerciante Federico Guibaud. Todos tienen palenque donde
rascarse.
El problema es para los
lujanenses que creyeron en su proyecto de gestión y que
apostaron con su voto a cuatro años de una alianza que
prometía un gobierno diferente; que venía a romper doce
años de acostumbramiento, desgobierno, malas costumbres y
vicios propios del poder.
Pasaron apenas nueve
meses de ese cheque en blanco que vence recién en 2011 y
hoy de los acuerdos que sellaron Rosso y Fernández sólo
quedan las migajas.
Los principales
referentes de ese acuerdo no tienen ganas de hacer ningún
esfuerzo por mantener a flote la promesa electoral de
octubre pasado. Apenas de octubre pasado. No lo dicen,
pero demuestran que su pensamiento es el siguiente: “usted
nos creyó y nos votó. Hoy hay cosas que no compartimos y
nos vamos. ¿Se siente defraudado? Jódase”. Porque
-como detallamos más arriba- los protagonistas de esta
triste y breve novela política tienen su futuro personal
asegurado. Poco les importa lo que queda detrás del
portazo. Ellos pierden un cargo político. Mañana
conseguirán otro que, con suerte, será mejor que el
abandonado.
En el camino queda una
gestión de gobierno desarticulada. Rosso seguramente
tiene responsabilidad en la ruptura, pero la observación
pasa por otro lado. Porque Rosso, cuando termine su
gestión, también conseguirá un muy buen empleo dentro o
fuera del Estado.
El problema es otro:
cómo queda la zona que prometieron gobernar, cambiar,
mejorar. Y en esa zona estamos todos los lujanenses. |