|
El trasfondo lo elige el
lector
El texto del editorial se
podría encarar con un trasfondo que apunte a exponer la
irresponsabilidad de los protagonistas. Otra alternativa
acertada sería dar los detalles bajo la supina carencia
de compromiso en lo que se dice, en lo que se promete, en
lo que se presenta como opción para los electores.
Tampoco estaría mal
recalcar, una y mil veces, que cuando un político promete
algo, eso que promete está atado a una sola coherencia:
la conveniencia personal, una conducta que suele caminar
de la mano de la ambición.
Primero yo, segundo yo,
tercero mis amigos, cuarto mis compromisos personales.
Quinto, sexto o séptimo coloquemos a la voluntad de
servicio. Sí, sí, en política partidaria es así,
aunque después digan que primero está la Patria,
después el movimiento y por último los hombres. O que es
preferible que se rompa pero que no se doble. Dejemos esas
frases para los actos protocolares; todos sabemos, con
sobrados ejemplos, que en la práctica la escala de
prioridades es muy diferente.
En octubre pasado, con
gran parafernalia, se anunciaban propuestas electorales de
diferente contenido político e ideológico. Es más, hubo
propuestas que flameaban su carencia de ideología, como
si fuera una virtud.
Transcurrieron escasos
meses de aquellos efusivos días de campaña y hoy la
realidad política local –no muy diferente de la
nacional donde una presidenta y su vice no se dirigen la
palabra- nos muestra el alcance de la falsedad electoral.
Hubo vecinos que votaron
por el Frente Unión Vecinal porque entendieron que la
Unión Vecinal y el GEN de raíz radical podían conformar
una alternativa diferente. Apenas terminó la elección,
los concejales electos encargaron chapas de durlock en los
corralones de la zona para dividir las secretarías de
bloque. De un lado Roberto Monzón, del otro los
vecinalistas. Fueron juntos en la boleta y tienen un sello
en común, pero trabajan separados.
Otro creyeron que Miguel
Prince tenía que seguir al frente de la comuna y por eso
colocaron en la urna su lista, con candidatos a concejales
que aparentaban ser lo más princista que se podía
encontrar en el catálogo. Pero la derrota transformó
fisuras en gruesas grietas y hoy tampoco se mantiene en
pie ese acuerdo electoral.
Prince, con Faro y un
puñado de “históricos”, caminan detrás de la sed de
retorno, sin otro horizonte en el corto o mediano plazo.
Del otro lado, enojados porque les piden conocer los
gastos de aquella campaña electoral, Vanin y los suyos
fundan el Nuevo Bloque Peronista. Nada de explicar cómo
se gastó el dinero partidario. Borrón y cuentas nuevas.
Pero tampoco se pueden
florear impolutos los concejales que llegaron al cuerpo
deliberativo de la mano de Graciela Rosso. Como lo
muestran los festejos de octubre, Rosso llegó al gobierno
gracias al empujón militante de María Inés Fernández.
En nueve meses, las diferencias entre ambas se tornaron
insalvables y dieron un paso al costado en el gabinete
todos los dirigentes que responden a la ex (¿ex?)
duhaldista.
Hoy el bloque oficial de
concejales está dividido; de un lado se encuentran los
fernandistas (Pablo Tonini, Susana Haurié, Jorge Artero)
y del otro los rossistas (Hernán Mosca, Mauricio Molinero
y Rubén Riccardo). No se separan definitivamente porque
quizás tengan alguna reserva de vergüenza y crean que es
demasiado pronto como para exponer la ruptura.
Irresponsabilidad,
carencia de compromiso, conveniencia personal. Elija usted
el trasfondo que prefiere darle a lo expresado. |