Miércoles 24 de Septiembre de 2008 - Edición 7416 - Edición digital: 0716

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Policiales

El asesino confesó el crimen y está detenido

Un joven mata de una puñalada a otro en La Loma


LUGAR DEL HECHO: en este lugar se produjo el crimen. En La Loma, casi todos conocen al asesino y a la víctima.

Al menos siete personas fueron testigos presenciales de un homicidio ocurrido este sábado poco antes de la medianoche.

La víctima y el criminal se conocían. Ambos tenían antecedentes penales.

El autor del hecho fue entregado por su madre en la Comisaría Primera.

Por motivos que seguramente el victimario conoce, y probablemente también sepan las personas que lo acompañaban, un joven mató de una certera puñalada a otro muchacho que estaba tomando cerveza en una esquina del barrio La Loma.

El hecho de sangre ocurrió el sábado, veinte minutos antes de la medianoche, y tuvo lugar a pocos metros de la esquina de Las Orquídeas y Los Juncos. Allí, como solía hacerlo habitualmente, Miguel Sebastián Ruiz, de 28 años, se encontraba con un par de amigos bebiendo en la vía pública.

De pronto, detuvo su marcha un viejo Ford Falcon con cuatro ocupantes, tres hombres jóvenes y una mujer. El conductor y el acompañante descendieron del vehículo. Sin mediar palabras, la persona que estaba al volante caminó en dirección a Ruiz, extrajo un arma blanca y lo acuchilló. Inmediatamente, a toda velocidad escapó en el auto y abandonó el Falcon a pocas cuadras, más concretamente en ruta 7 y Los Helechos. Horas después lo entregó su madre en la Comisaría Luján Primera, mientras la Policía, para entonces, se aprestaba a detenerlo.

La estocada mortal destrozó el corazón de Ruiz quien alcanzó a dar unos pasos hasta caer en el asfalto sobre un charco de sangre. Minutos después, una ambulancia de Bomberos Voluntarios lo trasladó agonizante al Hospital Municipal donde falleció poco más tarde.

Rápidamente, un comerciante se encargó de alterar la escena del crimen. Antes que llegaran los peritos, había baldeado la calle para borrar toda mancha hemática que delatara lo que acababa de ocurrir a metros de su negocio. En tanto, el arma blanca que manipuló el homicida con fatal como efectiva destreza no pudo ser hallada.

SÁBADO DE SÚPER ACCIÓN

El asesino se llama Justo Maximiliano Coria Kloster, más conocido en el barrio como Maxi Coria, tiene 22 años, posee domicilio en Las Amapolas y Flor de Irupé, y registra antecedentes penales, entre otros delitos, por robo.

En sede policial, y ante la presencia de personal de la UFI Nº 14, fue indagado y terminó confesando la autoría del hecho. Desde entonces, permanece alojado en la seccional local tras ser imputado por “homicidio” por el fiscal Leandro Marquiegui.

Según testigos que hablaron con EL CIVISMO, el sábado Coria fue visto, en reiteradas ocasiones y por los menos durante dos horas, surcando a toda velocidad las calles asfaltadas como las de tierra del barrio La Loma a bordo del viejo Ford Falcon. Ahora, muchos relacionan esa actitud con la búsqueda en forma desesperada de alguien en particular.

Probablemente, quería dar con Ruiz para, supuestamente, saldar alguna deuda pendiente, de acuerdo a lo que estimaron varios vecinos que accedieron a hablar con este medio a la hora de arriesgar alguna hipótesis que ayudara a explicar el móvil del homicidio.

Otra versión indica que la agresión tenía como destinatario a un tal “Chechu” pero, por causas que la Justicia deberá determinar, terminó por costarle la vida a otra persona.

En La Loma indicaron que Coria Kloster y Ruiz eran amigos o al menos se conocían. De hecho, la madre de la víctima sostuvo que su hijo caminó hacia el auto y con toda confianza le habría dicho a su asesino: “Maxi ¿qué onda?”, antes de ser acuchillado a la vista, como mínimo, de siete personas.

EL DOLOR DE UNA MADRE

Como toda madre, el dolor la supera. “Como soy la madre nadie me dice nada. No quiero pensar ni recordar lo que le pasó a Sebastián. El carnicero me dijo que él estaba sentado, como todos los días, tomándose una cerveza con dos amigos. Siempre estaba y nunca tenía problemas. Este chico vino, se bajó, le dio una puñalada y nadie sabe por qué”.

Precisamente, el carnicero recuerda a Ruiz como una buena persona, aunque admitió que solía ponerse algo agresivo sólo cuando bebía en exceso. “Habían tomado a la tarde, después vinieron como a las 22.30 o las 23. Era un chico tranquilísimo, un buen pibe, no molestaba a nadie, no tengo nada que decir. Lo mató al toque, pero yo no vi nada porque estaba adentro”, aseveró el hombre e insistió varias veces para que el reportero gráfico no retratara su negocio.

Una chica que vio todo coincide con el carnicero del barrio al resaltar que Ruiz y sus amigos “tomaban todos los sábados pero no molestaban a nadie. Pasabas y te saludaban”, rescató de la víctima.

En cambio, en el barrio no tienen las mejores referencias de Coria Kloster. Dicen que la familia se mudó a La Loma luego de que algunos de sus integrantes cometieran numerosos delitos en el barrio Padre Varela y zonas aledañas. El detenido tampoco goza de buen concepto en el vecindario.

Un testigo presencial del crimen sostuvo que un hermano de Ruiz le dijo que Coria buscaba “a un tal Chechu”, pero “vio que este pibe estaba con los amigos tomando cerveza, dio una vuelta con el auto, se bajó y lo mató. (el muerto) Tenía la botella de cerveza en la mano”, graficó.

LA CLAVE ESTARÍA EN EL PASADO

Miguel Ruiz vivía en Los Jazmines 730 del barrio San Jorge, era padre de cuatro hijos –7, 6, 5 años y una bebé de 8 meses. Hacía dos meses que estaba desocupado.

Al igual que Coria Kloster, la víctima también tuvo problemas con la ley. Siendo menor lo detuvieron, según la madre, por “intento de robo” y hace un par de años esa situación habría quedado definitivamente en el pasado tras “firmar la sentencia”, agregó, antes de lanzar una amenaza: “Llegan a poner que mi hijo era delincuente, te rompo el diario y te pateo todo”, expresó la señora con tono intimidante a este cronista en la puerta de su casa. Fuentes policiales señalaron que Coria y Ruiz estuvieron detenidos por robo.

Para la madre de Ruiz, el crimen pudo haberse evitado, pero para eso Maxi Coria debería haber estado tras las rejas mucho antes. “La Policía ha hecho veinte mil allanamientos y nunca lo detuvieron”, se quejó.

En tal sentido, hace menos de 10 días una comisión policial allanó la vivienda donde residía el acusado de matar a Ruiz, pero los efectivos no hallaron lo que fueron a buscar: droga y elementos de procedencia dudosa.

Mientras tanto, no son pocos los vecinos que sostienen que la puñalada fue la respuesta feroz a lo que califican como una vieja deuda no saldada debidamente o, como se escuchó decir este lunes en La Loma, “un mal vuelto que sólo lo sabe el asesino” y, tal vez, lo sabría el muerto.

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