|
El año de la mentira
Hace un año, cuando la
intención electoral era inocultable, desde este mismo
espacio se cuestionaba la caradurez de los funcionarios
que convocaron a la comunidad de Torres para presenciar,
en el Centro de Jubilados de esa localidad, la apertura de
los sobres de licitación pública de 23 kilómetros de la
ruta provincial 192.
La cosecha de votos se
acercaba y había que generar noticias positivas, sin
importar el respaldo. Se subrayaba en ese entonces –tal
como en este aniversario lo recuerda el vecino Juan Carlos
Busso, constante luchador para la concreción de esa obra-
la lógica de la politiquería que llevaba a los
funcionarios de entonces, tanto los locales como los
provinciales, a celebrar la gestión para la
repavimentación de apenas 23 kilómetros de ruta.
Era festejo que se hacía
sin mirar atrás, sin reparar en que se llegaba a esa
licitación después de años de soportar un mal estado
que tornó a esa arteria en una verdadera trampa mortal.
Si ése era el panorama
entonces, qué decir ahora, que nos encontramos a un año
de la apertura de los sobres pero no se avanzó un solo
kilómetro del nuevo pavimento.
Ahí es donde debería
comenzar a actuar la memoria ciudadana; el recuerdo que
aporte para la construcción de una comunidad más seria.
Porque esa pantomima de la licitación tuvo protagonistas,
tuvo funcionarios que buscaron sacar rédito. El ministro
de Obras y Servicios Públicos de la provincia de Buenos
Aires era el lujanense Eduardo Sícaro. El intendente de
Luján era Miguel Ángel Prince.
Lo que hicieron hace un
año es imposible disfrazarlo: fue una estafa a la
ilusión de la gente. Armaron el circo de la licitación y
la financiación para la obra, pero debajo de la carpa de
ese circo no había nada.
Aquellos vecinos que se
preocuparon por conocer qué pasó en este nuevo año de
la mentira se enteraron que, en realidad, el anuncio se
hizo pero faltaba la firma de la presidenta para avalar la
construcción.
Más tarde también se
supo que el dinero para los materiales y la mano de obra
tampoco estaba; sólo existía la carta de buena
intención del organismo de financiación.
Todos los ingredientes
desembocan en una estafa. Pobre de aquel que creyó a pie
juntillas en la mentira y votó a esos funcionarios para
que siguieran trabajando en la gestión pública.
Lo indignante del caso es
que más allá de la suerte dispar que tuvieron en las
elecciones, los protagonistas de aquella vergüenza
parecen premiados en su tarea.
A diferencia de lo que
puede ocurrir en el ámbito privado, el Estado se empecina
en gratificar la ineficiencia. Sícaro, el funcionario que
protagonizó aquella farsa de la licitación, hoy es el
responsable máximo de la Comisión Nacional de
Regulación del Transporte (CNRT). Y demostrando la
generosidad del Estado, consiguió un cargo para llevarse
a Miguel Prince como asesor.
En Torres siguen
esperando la repavimentación. |