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Todo canto, toda expresión
En su primera presentación en el
Teatro Municipal "Trinidad Guevara", la cantante
folklórica exhibió dominio y temperamento para el canto.
Distintos artistas apuntalaron su actuación.
Nacida
en Arias, provincia de Córdoba, Lidia Barroso se inició muy
tempranamente en la música. Así fue sellando un estilo que con
el paso del tiempo le posibilitó acceder a distintos compromisos,
tanto en presentaciones en festivales nacionales o como en
programas televisivos.
Radicada en Luján, acuna en estos días su último trabajo
"De pueblo en pueblo", herramienta que ya le posibilitó
recorrer muchos escenarios.
Barroso pertenece a esa raza de intérprete abocada a escoger un
repertorio para nada complaciente. Bucea en melodías de
arraigadas geografías, y versos alimentados por la reflexión de
poetas comprometidos. Pero ese hálito no le impide acercarse al
amor

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Con la música en el corazón
Los dos organismos que dirige el
maestro Héctor Mario Mosesso entregaron un interesante programa
sinfónico coral. El concierto, que convocó mucho público, se
realizó el viernes en el Salón Balcarce del Complejo
Museográfico.
Un
programa ameno y variado, que supo reunir páginas clásicas
-algunas ampliamente conocidas y casi populares-, sirvió de
presentación al Coro Polifónico y Orquesta Sinfónica
"Ciudad de Buenos Aires", que dirige el maestro Héctor
Mario Mosesso.
En una función benéfica que tuvo como receptor el mismo
Complejo, el Salón Balcarce reunió el viernes a un nutrido
auditorio que siguió con interés y muchos aplausos el desempeño
de estos dos organismos.
Se trata de agrupaciones voluntarias que privilegian la música
como materia espiritual, necesaria no sólo para los mismos
intérpretes, sino como unión y amor entre los seres humanos.
Ese propósito está latente en cada momento, a la vez que
reflejado en cada nota emitida y en el entusiasmo con que se
acomete la totalidad de la empresa.
Unos y otros, desde la faz instrumental o sus voces, son el
espíritu vivo de muchos artistas que entienden, por sobre las
dificultades de orden cotidiano, la imperiosa necesidad de
brindarse y unirse para no apagar esa llama íntima que alimenta
la vocación y el deseo de brindarse con plenitud al arte.
De ahí que, más allá del rendimiento o el nivel exhibido, se
impone el agradecimiento a tanto afán, dedicación y amor por la
música.
El programa
La primera parte estuvo reservada a la música sinfónica. La
obertura de "El barbero de Sevilla", de Rossini, abrió
el programa. Luego fue el movimiento La Primavera de "Las
cuatro estaciones", de Vivaldi, que contó como solista de
violín a Raúl Carugati.
En el cierre, la Sinfonía Nº 40, de Mozart.

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