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Despertá Jáuregui
Las autoridades municipales y
provinciales no tienen vergüenza. Se burlan de la gente que, sin una
lógica que vaya más allá de lo ideológico y tradicional, los sigue
respaldando en las urnas. En estos días, Jáuregui volvió a ser
testigo de la demagogia y las acciones dilatorias de los políticos de
turno.
El invento de la Comisión Multidisciplinaria de Protección del Medio
Ambiente de esa localidad se reunió en el pueblo para definir las
políticas a seguir. La Municipalidad no se presentó porque entiende
que esa no es la solución. Y, como tantas veces, los vecinos quedaron
en el medio.
Ahora parece que la medida a tomar es arrancar todo desde cero,
analizar el agua, el aire y la tierra de Jáuregui y alrededores, y
tratar de establecer si hay contaminación -en primer lugar- y de
dónde vienen las partículas contaminantes -como segunda medida-.
Esas etapas, en Jáuregui, ya fueron superadas hace años. Hace mucho
tiempo que se debió entrar en la tercera etapa: la de la acción.
En el archivo de este medio o de la Municipalidad de Luján, en los
cajones de la Secretaría Provincial de Política Ambiental, en los
despachos de la justicia de Mercedes, en las sedes de las entidades no
gubernamentales del pueblo y en las oficinas de Greenpeace -por sólo
señalar algunos sitios-, están los informes que demuestran que la
contaminación ya llegó a Jáuregui; que lo hizo para quedarse, y que
todas las sospechas más un puñado de certezas apuntan a la planta
fabril de Curtarsa.
El problema es que en esa falta de memoria cómplice, las autoridades
políticas corren con una ventaja. La carencia de conciencia de gran
parte de los habitantes de la zona respecto de la magnitud de la
situación que atraviesan.
Prince jamás demostró una voluntad firme de querer solucionar el
problema de la contaminación de Jáuregui. De hecho, admitió ante
trabajadores de este medio que "es complejo el problema, porque
hay que tener en cuenta la fuente laboral que significa
Curtarsa". Ese es el límite de la acción del gobierno
municipal. "Contamina, pero da trabajo", debería ser el
slogan de la curtiembre en una campaña publicitaria que contaría con
el total apoyo de las autoridades municipales.
El intendente Miguel Prince, como estima que Jáuregui es un pueblo
peronista y por eso le perdona todo (las urnas lo respaldan en esa
estimación) sigue con su política evasiva de los problemas.
El fin de semana pasado volvió a tomarle el pelo a la gente de
Jáuregui y a su salud, y armó una fiestita para anunciar la
creación de un "área forestal protegida". La ecuación es
simple. Se hace una medida que si no se cumple nadie lo nota; los
árboles no protestan y para las cámaras el jefe comunal queda como
el mayor ecologista de la historia zonal.
No sería extraño pensar que para los próximos días, continuando
esa modalidad de trabajo, el intendente emita un decreto de
protección a las ardillas de Jáuregui y Pueblo Nuevo, que "son
un poco dañinas, pero bastante simpáticas" dirá en los
"Considerando".
Algún día, quizás cuando los casos de cáncer lleguen a un número
más alarmante que el actual, los vecinos de esa zona notarán que la
contaminación no sabe de partidismo y entra, sin distinción, en las
viviendas de peronistas, radicales, vecinalistas o socios del Club
Timón. En los cuerpos de peronistas, radicales, vecinalistas o socios
del Club Timón.
Hasta que ese día llegue, nada cambiará en Jáuregui, la gente
seguirá como dormida ante lo que sucede y las autoridades
disfrutarán de más y más triunfos electorales.
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