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Una crisis injusta
Parecía que, por fin, la noticia
más relevante de la semana del partido de Luján iba a ser positiva.
Y si bien se confirmó la información, otra vez la cruel realidad
golpeó con más fuerza y ya el cartel de "la noticia de la
semana" es compartido por lo bueno y lo malo.
Por un lado, la esperanza se reabre en una planta de la avenida Fray
Manuel de Torres que supo ser orgullo de los lujanenses. Por otro, la
incertidumbre sobre el futuro invade al centro fabril del barrio Los
Gallitos.
Vandenfil y Massera fueron y son víctimas de una crisis a la que la
clase política no le encuentra la vuelta y ante la cual sólo repite
una receta que profundiza las heridas sociales: un ajuste tras otro.
En estos días, un señor llamado Humberto "Franco" Galletta
adquirió los restos en pie de lo que supo ser Massera S.A., una
empresa familiar que creció en el país y llegó a exportar a zonas
remotas del mundo.
Galletta alegró un clima denso en lo laboral y anunció -sin bombos
ni platillos porque no quiere defraudar- que estaría en condiciones
de abrir, en lo inmediato, 30 espacios de trabajo.
Horas más tarde de la confirmación del empresario heladero, el área
textil daba su noticia local. Vandenfil frenó su producción,
incrementó los problemas en los pagos de haberes y suspendió a más
de doscientos trabajadores. Nadie se anima a pronosticar qué
sucederá con la fábrica de la ruta 5.
Sin embargo, en Luján no todo se enmarca en la crisis. No todos los
trabajadores sufren de inestabilidad laboral y miedo hacia el futuro.
En Luján, como en cada punto geográfico donde se asentó la mala
política, los allegados al poder de turno siguen gozando de los
beneficios de un país injusto por donde se lo mire.
Un mecánico que durante una semana tiene el taller vacío de rodados,
no tiene ingresos y no podrá pagar sus aportes. Y lo mismo le sucede
a un carpintero, un vendedor, un albañil o un remisero, por sólo
citar algunos ejemplos. Pero es lógico que eso pase.
También es lamentablemente lógico que en un mercado capitalista los
operarios que empiezan a sumar años de antigüedad y cargas
salariales pasen a ser un estorbo caro para los "intereses"
de las empresas privadas. Hoy es común y frecuente la medida de
"reestructuración", para dejar en la calle a miles de
trabajadores.
Pero lo que no es ni lógico ni aceptable es la posición de
privilegio a la que nos quieren acostumbrar los malos políticos de
turno. No sólo ya no discuten una baja en el costo político, sino
que tampoco tienen en sus mentes trabajar "ad honorem" para
su pueblo, para su gente. Ellos viven "a costa de..." y no
"en beneficio de...", por más que afirmen lo contrario.
Estas líneas tienen relación directa con la pequeña burla a la que
nos está sometiendo el Concejo Deliberante. Días atrás se cambió
la mitad de su conformación, pero ningún empleado quedó cesante.
Seguimos sumando sueldos pagos por la ciudadanía, porque la
prioridad, aún en crisis, sigue siendo las amistades entre partidos.
¿Qué pensarán los trabajadores de Vandenfil cuando lean sobre los
acomodos, favores y estabilidad laboral en el Concejo Deliberante?
¿Es muy osado pensar que decenas de funcionarios, concejales y amigos
políticos no tienen la más mínima vergüenza?
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