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¿Merecemos ayuda?

Para que dejemos de ser un país poco serio desde lo institucional o un "cobayo" de los laboratorios económicos de los grandes intereses extranjeros, debemos comenzar a demostrar que somos capaces de trabajar e impartir justicia con suma seriedad.
Pretendemos que las arcas del Estado Nacional reciban ayuda o financiación externa. Con ese objetivo, los enviados del FMI se acercan al país para "negociar". En esos mismos días, en los diarios aparece una diputada llamada Norma Godoy que debió ser expulsada del Congreso Nacional por amenazar a periodistas con el uso de una itaka, por el único hecho de investigar su participación en un desvío de Adelantos del Tesoro Nacional (ATN) a una entidad para discapacitados que no existe.
En otra página de ese mismo diario uno puede enterarse los detalles del "Plan de Inclusión Social para Jefas y Jefes de Hogar Discapacitados". Ahí está el mismo Estado Nacional que pide a gritos ayuda del FMI, repartiendo algo más de un millón de subsidios de 150 pesos mensuales.
Ese dinero se dará sin una necesaria relación laboral, por lo tanto sin respaldo ni cobertura social. ¿Ese es el camino de la reconstrucción o del resurgimiento desde la crisis? ¿O más bien se trata de una maquiavélica manera de mantener el clientelismo político y asegurar el poder de dependencia de millones de argentinos, que verán a Eduardo Duhalde y su esposa "Chiche" como únicos e irreemplazables salvadores? ¿Nosotros merecemos ayuda externa para dilapidarla en asistencialismo improductivo?
Sigamos la lectura de ese supuesto diario de estos días. Domingo Cavallo, el mismo que disfrutó de "superpoderes" como ministro de Economía de las presentes décadas de decadencia social y enriquecimiento de muy pocos, está preso y procesado -con un embargo de 900 mil pesos- por la firma del decreto que permitió el contrabando de armas a Croacia.
Si bien es positivo que la Justicia se meta con los que supieron ser los grandes señores del poder en la Argentina, esa acción no basta para demostrar que somos capaces de construir un país serio que merece ayuda de los grandes fondos internacionales.
Para ser bien vistos, la Justicia debe mejorar en la búsqueda de la verdad, pero no sólo en los grandes casos que aseguran tapas en los diarios de mayor tirada.
Así como la Argentina necesita que se investiguen los pasos dados por Cavallo, Carlos Saúl Menem, sus ministros o el ex presidente Fernando De la Rúa, con la misma firmeza se tiene que hacer justicia con casos menos relevantes o propagandísticos. En Luján, por ejemplo, deben aparecer y ser juzgados los responsables del asesinato de Ana María Domínguez, de "Tato" Isola o de la familia Zarnic.
Sin justicia es imposible soñar con la igualdad social. Ambos elementos son pilares de una sociedad y en nuestro país esos pilares fueron dinamitados por la ambición, la corrupción, el despilfarro y la falta de ideas. Hasta que no surja alguien capaz de reparar esos tremendos daños no podemos disfrazarnos de serios para pedir limosnas al extranjero.


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