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Empezar a construir
La Asamblea de Vecinos Autoconvocados
de Luján atraviesa un momento de difícil convivencia que no debería
resentir los importantes objetivos que se discuten en su seno desde
enero, cuando la crisis empujó a la gente a salir a la calle.
En el primer comunicado que redactó su equipo de Trabajo de Prensa y
Difusión se indica que "la Asamblea es un grupo de personas con
diferentes necesidades, ideas, proyectos y expectativas. De este
universo surge la necesidad de definir métodos y objetivos para la
acción".
Y se asegura en ese mismo documento que "todos los vecinos están
invitados a sumarse para hacer escuchar su voz. Invitamos a todos
aquellos que expresaron su voto bronca en octubre del año pasado para
poder agrandar este espacio de participación popular que estamos
conquistando, y elaborar así alternativas concretas frente a los
problemas".
En teoría, todo suena lógico y democrático. En la práctica,
lamentablemente, las cosas se muestran un tanto distintas. Este medio
siguió de cerca las instancias de las asambleas y de modo simultáneo
se evidencian dos aumentos: en la deserción de vecinos y en el
enfrentamiento de ideas ante objetivos que son comunes. Y ahí radica
otra dificultad: la definición de propuestas que de inmediato se
transformen en acción.
EL CIVISMO destacó similitudes entre la asamblea local y la
zarateña, que con sana presión y sin violencia logró importantes
cambios en la dirigencia política y atención de parte de la
Cooperativa Eléctrica de esa ciudad. Sin embargo, como se escribía
en esa ocasión, en Zárate los protagonistas de la historia
asambleísta son los vecinos, la gente, el pueblo o un gran sector de
la ciudadanía. Y esa característica ayudó a reunir, en algunas
asambleas, a cerca de 10 mil personas.
En Luján, mal que le pese a algunos asambleístas, el espacio popular
está ocupado por personas que detrás del discurso de la democracia
participativa, el rechazo hacia la clase política, la crítica a los
dirigentes y las gestiones actuales, y la exposición de ideas a los
gritos, sólo parecen estar buscando un logro personal o un mejor
posicionamiento dentro de la propia política.
¿Cuál es el problema de esos arrebatos protagónicos? Justamente
eso, que son sólo arrebatos que, en lugar de estar aislados, quedaron
como ejes de la asamblea vecinal de Luján. Cada día son más los
vecinos que sin segundas intenciones se alejan de las marchas y
reuniones frente al Palacio Municipal. Y ése es un triste dato de la
realidad.
Los discursos y las frases de una pequeña porción de los
asambleístas viene eclipsando la posibilidad de un incremento en la
participación. Como yapa, alimentan el menosprecio de las personas
que tienen las herramientas para implementar un cambio o solucionar
los problemas cotidianos.
Al referirse a este movimiento pluralista de modo general se puede
caer en una injusticia; en la misma injusticia que repiten, a veces,
los propios interesados en la "unidad en la acción". El
viernes pasado, por ejemplo, cuestionaron o dificultaron el trabajo
periodístico de un canal local. No es la primera vez, porque desde
ese ámbito se ha criticado con dureza a otros medios gráficos o
radiales.
Esa gente que quiere imponer sus ideas e insiste en sus recetas está
alejando de la calle a la señora que quiere mejoras en los servicios;
al joven que no encuentra salidas en la clase dirigente; al jubilado
que está harto de promesas y desatención; a los jaqueados por los
juicios de EMACO; a los desocupados; a muchos, seguramente a
demasiados.
Es cierto que en el contexto actual ser crítico no es sencillo, más
cuando se apunta a estructuras tan asentadas y aceitadas como, por
ejemplo, la que sostiene en el poder al intendente de Luján. Sin
embargo, el mismo viernes se escuchó en la asamblea hacia dónde
debería enfocarse la salida: empezar a construir. Para discursos
están los políticos. Para la acción tiene que estar la gente.
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