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Que Dios nos ayude
Las cartas ya están sobre la mesa.
El presidente elegido por nadie, Dr. Eduardo Duhalde, admitió ante
los medios que la salida es el acuerdo con el Fondo Monetario
Internacional o "que Dios nos ayude". El primer mandatario
de la Nación puso todas las esperanzas de millones de argentinos en
un paquete de proyectos de ley que se enviaron al Congreso por pedido
expreso de los acreedores extranjeros.
El país está acorralado por su propia incapacidad y resignación.
Cuando Duhalde llegó al gobierno tenía el pleno consenso de la
sociedad para aplicar cualquier receta que nos sacara de la crisis.
Con ese apoyo a su favor escogió el peor camino; la mentira, como
receta para hacer tiempo y terminar pactando con los mismos de
siempre. Decían en voz alta que llegaba a la Presidencia para cerrar
"un acuerdo con los sectores productivos de la Nación" y
hoy pide de rodillas al Congreso que transforme los ahorros de la
gente en bonos. Es decir, pretende poner el moño a un pacto con los
sectores de la especulación.
El clima social está tenso y es lógico que así sea. Para muestra
basta un botón: el principal hipermercado del partido de Luján tiene
sus puertas trabadas con rejas y productos para impedir el retorno de
las imágenes de diciembre pasado.
Demasiado contenida está la gran masa del pueblo, porque la
estructura de asistencialismo "duhaldista" -con sus hermanos
en cada municipio- está aceitada para frenar cualquier intento de
rebelión de las clases bajas. Con ese fin, pero para el mediano o
largo plazo, se inventó el Plan Jefes y Jefas de Hogar Desocupados.
El Estado institucionalizó la pobreza y le fijó un precio a la
pasividad de millones de argentinos: 150 pesos, patacones o lecop por
mes.
Mientras tanto, el tejido social del resto del país se rompe a
pedazos y cada día son más los argentinos que están sumamente
atentos a las protestas que se suceden en todos los rincones de la
geografía nacional.
Duhalde jugó todas sus fichas al Plan Bonex, combo que incluye la
conversión de los plazos fijos reprogramados por bonos a diez años;
la limitación del índice de indexación en los créditos
hipotecarios y la creación del Banco Federal. En resumen, un proyecto
que tiene como único fin responder a las pretensiones extranjeras y
hundir aún más a las clases productivas de la Argentina. Por esa
razón el lunes a la noche una señora gritaba ante la cámara, en la
puerta del Congreso: "¡Despertá Argentina! ¡Te están
cagando!".
Los senadores escapando de la gente a la que, en teoría, representan.
Los jubilados y pensionados rebotando frente a los cajeros sin plata y
a los bancos cerrados, retornando a sus hogares sin la limosna que
cobran por mes. El gran supermercado de Luján atendiendo a sus
clientes con las puertas valladas y un clima de temor que nadie
merece. El gasoil que escasea y aumenta perjudicando de modo directo
al sector productivo que, supuestamente, iba a trabajar en alianza con
el presidente Duhalde. Los precios de la canasta familiar en niveles
que dejan a la mayoría de las canastas vacías. El ministro de
Economía, Jorge Remes Lenicov, dando un portazo y dejando el país en
llamas.
Situaciones actuales de la Argentina que gobierna un señor que, en
una actitud irresponsable, deja toda esperanza futura puesta en un
lamentable proyecto de ley. Y que suelto de responsabilidad dijo que
"si el Congreso no está de acuerdo con el Plan Bonex, que elija
a otro presidente".
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