| Hay
responsables
Alguien, alguna vez, deberá
hacerse cargo de sus acciones u omisiones, porque los
perjudicados ya no son siempre los mismos, sino que cada día
son más. El presidente de la Nación, Dr. Eduardo Duhalde,
dilapidó los tres primeros meses de gestión detrás de las
recetas económicas de un señor llamado Jorge Remes Lenicov.
Ambos trataron de respetar a rajatabla los mandatos del Fondo
Monetario Internacional y, de un día para el otro, el
ministro del Fondo pegó el portazo a la administración
pública. Atrás dejó un tendal de pobres, indigentes,
desocupados y desesperados. El día de mañana, este tal Remes
Lenicov se dedicará a los negocios privados y nadie le
pedirá que responda por su ineficiencia.
Algo parecido es lo que ocurre con Fernando De la Rúa y su
ballet. Estuvieron en el poder durante años y sólo aportaron
al empobrecimiento general de la Nación. Un día la gente
dijo basta, salió a la calle a pedir cambios en la política
de gobierno y De la Rúa con su gente presentaron la renuncia
y se fueron a descansar a sus quintas estratégicamente
ubicadas, bien lejos del desastre social que supieron
construir.
Hoy De la Rúa y algunos de sus funcionarios desfilan por los
Tribunales, pero no para explicar sus errores en la función
pública sino para dar su versión ante la muerte absurda de
gente inocente en la Plaza de Mayo, o para detallar los
supuestos datos de un complot que ellos mismos habrán sabido
construir.
Tampoco se muestran preocupados el ex presidente Carlos Saúl
Menem y su larga lista de invitados a una fiesta que duró
diez años y que hoy resulta casi imposible pagar. Fueron
muchos años de una mentirosa convertibilidad que destruyó a
los sectores productivos. La única urgencia, como hoy, fue y
será pactar con los intereses extranjeros, a pesar de la
insoportable situación por la que atraviesan millones de
argentinos.
Lo que hoy vivimos tiene sus responsables. Raúl Alfonsín
sigue siendo un hombre fuerte de la política nacional, de la
negociación y de los acuerdos a puertas cerradas (léase a
espaldas de la gente). La Patria jamás lo demandó por su
ineficiencia en el manejo de los recursos de todos. Al
contrario, hoy se lo premia con un sillón en el Senado de la
Nación.
Y en ese repaso de historia, irresponsabilidad política y
tranquilidad de conciencia en los autores de los hechos, se
podría seguir para atrás, porque un desastre como el actual
no se construye sólo en un par de décadas.
Tampoco las faltas a los deberes de funcionario público
ocurren en las altas esferas. En Luján tenemos un ejemplo
contundente de cómo se puede cobrar para -supuestamente-
trabajar por la gente, pero al terminar la gestión cerrar la
puerta y olvidarse de aciertos y errores.
Diseminadas por el partido de Luján hay cientos de familias
que tienen sus casas en jaque por una relación conflictiva
con una empresa llamada Emaco. La situación no sería tan
extrema si los vecinos hubiesen ignorado los consejos y pasos
que dieron de la mano la clase política. Desde la
Municipalidad de Luján siempre se le recomendó a la gente
que esperara, que no cerrara acuerdos con la empresa, que no
firmara ni pagara nada.
Esos consejos tiene autores que hoy siguen disfrutando de los
beneficios de la función pública o que se retiraron hacia la
actividad privada y viven despreocupados por la suerte de sus
aconsejados. Así es muy fácil ser político y vivir de ello.
En la Argentina es placentero cobrar por cumplir una labor
legislativa o ejecutiva, porque cuando el mandato culmina, a
pesar de lo afirmado en los juramentos del Estado, Dios y la
Patria jamás demandan. |