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Descubre que su empleado era el ladrón
Cayó en la trampa

Hace un mes que el dueño de la herrería de Alvear al 1000 era víctima de reiterados robos. Le faltaba dinero de la caja y no encontraba quién se la llevaba. Para hallar al responsable marcó los billetes y logró descubrir que quien le robaba era su propio empleado.

Un empleado de comercio había ideado una buena estrategia para robarle a su jefe sin que se diera cuenta. Desde hace aproximadamente un mes, Juan Héctor Campillay sustraía dinero de la caja y al momento de hacer el balance de la recaudación del día nadie podía explicar ese pequeño faltante.
Sin embargo, en su maniobra, no tuvo en cuenta que el propietario de la herrería donde trabajaba -ubicada en Alvear entre San Martín y Mitre- podía desconfiar de él y, en ese caso, ser capaz de tenderle una trampa que más tarde resultó infalible.
Harto de ser víctima de reiteradas sustracciones, el damnificado quiso poner punto final a esta gran intriga. Por eso, marcó cada uno de los billetes que había en la caja de su comercio para que fueran identificados y esperó que el ladrón mordiera el anzuelo.
Tal como lo había previsto, la semana pasada realizó el rutinario cierre de caja y observó que le faltaban 20 patacones que habían sido marcados. De inmediato llamó a la Comisaría Primera de Luján y denunció el robo. En una breve explicación, el propietario de la herrería otorgó el nombre y apellido del empleado que estaba bajo su sospecha.
Los efectivos respondieron a su llamado y lograron su detención. De todos modos, no se les hizo complicado encontrarlo porque tenían los datos precisos que ya había facilitado su empleador.
Campillay creía que todo estaba bajo control y ni sospechaba de que había caído en la trampa. Ese día, un grupo de policías se presentaron en el comercio y sorprendieron la calma del ladrón.
Le exigieron su identificación y lo obligaron a exponerse a una rápida requisa. Cuando revisaron su billetera los efectivos se encontraron con los billetes que habían sido marcados por el damnificado.
La hipótesis del dueño de la herrería se había confirmado: su propio empleado le sustraía dinero con mucha discreción. La policía no dudó en trasladar a Campillay a la seccional de la calle Las Heras y dejarlo detrás de las rejas. El dinero fue devuelto a su dueño y el ladrón -mayor de edad y vecino de Luján- quedó a disposición de la UFI en turno de la Justicia de Mercedes.
Desde ese entonces, Campillay forma parte de una causa caratulada "Hurtos reiterados" donde figura como único imputado.


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