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Un hombre se burló y estafó a dos familias del barrio Sarmiento
Pescador de ilusiones

Ni siquiera tuvo piedad ante la desesperación de dos vecinos desocupados. Estuvo poco menos de dos meses prometiéndoles un empleo en Salta. Les robó 55 pesos y a un día de concretarse la supuesta mudanza, lo descubrieron.

Dos vecinos desocupados de esta ciudad fueron estafados por un hombre que jugó con sus ilusiones y que, además, les robó dinero. La crisis social y económica por la que atraviesa la Argentina hace que muchas familias, que luchan por conseguir trabajo, confíen en personas que con fines delictivos aparentan darle una solución a su crítica situación.
Este es el caso dos vecinos del barrio Sarmiento que desde hace más de un mes estaban programando mudarse a la ciudad salteña de Tartagal con la promesa de tener trabajo. Sin embargo, a un día de viajar, descubrieron que el hombre que les ofreció empleo en la empresa Repsol-YPF era un estafador que se había burlado de ellos para robarles 55 pesos.
El 23 de abril, un hombre se identificó como Carlos Centurión, de 54 años, que decía ser ingeniero de la empresa petrolera, golpeó la puerta del domicilio de Juan de la Cruz Casas 530. Allí vive Alberto Girolo, un herrero al que le sobran las horas y le falta trabajo. Ante el llamado y la propuesta los Girolo escucharon con atención el extenso relato de Centurión. El sujeto contó que buscaba a cinco personas dispuestas a mudarse al polo petrolero del noroeste para trabajar en un sector de la empresa petrolera. Se trata de una zona rica en recursos pero pobre a la hora de repartirlos y que registra uno de los índices más altos de desocupación del país.
Ante las promesas de un trabajo digno y "muy bien" rentado, Girolo no se detuvo en estos detalles y aceptó la oferta junto con Marcelo Garavano, un pariente que también estaba desocupado.
Centurión intentó mostrar confianza contando que hace cinco años había estado en el barrio. En aquella ocasión aseguró haberle conseguido un puesto en la misma empresa a un integrante de la familia Villegas, domiciliada a pocas cuadras.
Las familias Garavano y Girolo prepararon una carpeta con documentación personal y antecedentes para que Centurión presentara en las oficinas de Repsol-YPF de Capital Federal. Asimismo, le entregaron 55 pesos para financiar algunos trámites burocráticos que eran necesarios para poder concretar el viaje cuanto antes.
La estrategia de Centurión fue muy hábil. De hecho, el sujeto les advirtió que, pese a ganar 2.400 pesos, el trabajo requería de mucha dedicación y que la zona no era muy amena para vivir. Por tanto, les exigió que lo pensaran bien antes de aceptar la oferta. Esto hacía aún más creíble la propuesta de Centurión.
Los vecinos mantuvieron contacto telefónico en una sola oportunidad ya que había prometido volver y falló. El motivo de su ausencia lo justificó manifestando que por un problema de salud había tenido que estar internado unos días. Sin embargo, esta falta no levantó sospechas en las familias y mientras el delincuente dedicaba su tiempo a seguir engañando a la gente, ellos preparaban su partida llena de ilusiones.
El 1º mayo volvieron a reunirse cerca de las 15 y durante más de cinco horas se dedicaron a ultimar los detalles. Centurión explicó a Girolo y Garavano que debían viajar a Capital Federal el martes 7 para firmar el contrato en las oficinas de la empresa. Además, les aseguró que les iban a dar los pasajes y 300 pesos para el traslado. Estaba todo listo para que hoy ambas familias tomaran el vuelo de las 5.30 que daría comienzo a una nueva y exitosa etapa de sus vidas.

EL DESENGAÑO
Para estos tiempos era demasiado ideal. Esto hacía que, de alguna manera, sospecharan de Centurión. Pero cuando se le cuestionaba algún punto el estafador tenía siempre una respuesta hábil que terminaba por convencerlos.
Sin embargo, las ilusiones desaparecieron abruptamente un día antes de viajar. Ayer, el malviviente intentó hacer la misma jugada con otra familia del barrio a la hora que debía estar con Girolo y Garavano firmando el contrato. Todo se descubrió porque Teresa Brancatto llamó de inmediato a su vecina Susana Cortéz -esposa de Girolo- diciéndole que el hombre estaba en su casa ofreciéndole una propuesta idéntica a su esposo Oscar.
Cuando Centurión se dio cuenta de que había sido descubierto se dio a la fuga. Pero los vecinos, indignados, no lo dejaron escapar. Entre todos comenzaron a perseguirlo. Centurión intentó perderse por el campo, en dirección al barrio Hostería San Antonio pero se le hizo imposible. Los vecinos lograron rodearlo, tirarlo al piso y entregarlo en mano a la policía.
Centurión no supo dar explicaciones, reconoció la estafa y Cortez lo retuvo en su domicilio hasta que llegara el patrullero cerca de las 12.30.
Poco después de esposar y trasladar a Centurión a la Comisaría Primera de Luján llegaban Girolo y Garavano, también con la noticia de que todo era una farsa. Ellos habían estado en las oficinas reales de la empresa petrolera, donde se les informó que no existía ningún ingeniero Centurión y que no se estaba tomando personal por la grave crisis económica del país.
Las ilusiones de ambas familias se habían desvanecido casi a la misma hora pero a 70 kilómetros de distancia. De todos modos, lo que fortaleció y disminuyó la angustia de los damnificados fue, de alguna manera, la posibilidad de poder hacer justicia por mano propia y poner ellos mismos detrás de las rejas al estafador.


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