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Un mínimo de seriedad
La escena que se observó el
jueves en el hall del Palacio Municipal es totalmente lógica.
Cientos de personas reclamando al gobierno de Miguel Prince un
mínimo de seriedad.
Los funcionarios que rodean al intendente no entienden que la
única solución a los problemas de la gente es el carisma del
jefe comunal. Creen que la sola presencia, palabra o proyecto
de Prince implica la inmediata resolución de los conflictos.
Y cada día se demuestra con más fuerza que eso queda muy
corto.
Temas como la salud o la seguridad no se arreglan con promesas
eternas y anuncios vacíos. En el Hospital Municipal el
carisma de Prince no cura a nadie. Ahí hacen faltan insumos y
salarios pagos, porque con la solidaridad se pueden atender
urgencias, pero no se debe sostener a toda una gestión.
Esta semana explotó la paciencia de los trabajadores del
establecimiento de salud y los centros primarios de
asistencia. Hace meses que los jubilados del Municipio esperan
su dinero en una glorieta de la plaza Colón. Hace semanas que
los trabajadores de la empresa de colectivos locales esperan
que la clase política ayuda a buscar salidas a conflictos
nacidos en viejos errores. Hace años que los cientos de
vecinos afectados por las maniobras de la firma Emaco aguardan
un consejo serio emanado del Palacio Municipal.
En todos los casos la solución "princista" ha sido
la politiquería. Esa forma de gobernar sólo parece rendir
sus frutos ante el malestar barrial o el pedido de vecinos con
necesidades básicas insatisfechas. En el resto de la gestión
sólo se ponen parches.
Se reparten puñados de patacones que lo único que logran es
apaciguar los ánimos un par de días. Jamás se planifica
para evitar los conflictos y tampoco se enfrentan los
inconvenientes con soluciones serias a mediano y largo plazo.
Salvando las enormes distancias entre instituciones modelos y
un gobierno con funcionarios que pasean todo el día como
modelos, el gobierno de Prince es un constante bombero, que
apaga el incendio a medida que avanza.
Sin embargo, protestas masivas y justas como la de los
trabajadores del Hospital dan a entender que a las mangueras
de Cuartel Princista se les está acabando el agua. |