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El turno de los caballeros
Ante una platea casi colmada se
presentó, el sábado, en el Teatro Municipal "Confesiones
del pene", de José Montero. Con un humor que sobrevuela
permanentemente, tres reconocidos actores -Marcelo Mazzarello,
Daniel Miglioranza y Diego Olivera- dialogan sobre el sexo con
acertados momentos de reflexión.
Cuando
se conoció "Monólogos de la vagina" en Buenos Aires,
el público se impactó. Como no podía ser de otro modo, el mismo
término que muchas veces sólo se pronunciaba entre susurros, de
pronto ganó un espacio impensable hasta para los menos pacatos.
El original, elaborado tras un extenso estudio y encuestas sobre
el sexo femenino en distintas latitudes, enfrentó a un público
heterogéneo ante una problemática común del universo de la
mujer.
El éxito trajo aparejado la aparición de una obra de autor
argentino con la visión masculina del tema. Y frente a lo que
podría pensarse de las segundas partes, la única ausencia
notoria que la propuesta criolla evidencia es la investigación
soporte que delataba la primera.
"Confesiones del pene" se erige como un efectivo
entretenimiento sobre la visión de los hombres sobre su sexo. Y
en un momento tan especial como el que se vive, el humor que surge
a borbotones a partir del texto y elaboraciones de los actores se
presenta como un remedio infalible contra la depresión. Pero si
bien impera la sonrisa y la carcajada, es justo reseñar que
también hay lugar para la reflexión.
Quien asiste a la pieza no debe esperar encontrarse con el
"texto". Se trata, en definitiva, de un rítmico juego
donde las palabras, los gestos y las situaciones van variando
continuamente, dando lugar a climas diferentes y actitudes
consecuentes del elenco.
No está ausente la minuciosa descripción anatómica del órgano
masculino, y tampoco las ideas que el sexo despierta en la niñez,
la juventud y en los adultos.
A través de monólogos, los actores conducen al público por el
despertar sexual, la masturbación, los mitos y las fantasías que
el tema provoca, hasta una recreación del mismo John Bobbit,
aquel norteamericano que saltó a la fama cuando su mujer
ecuatoriana en un arranque de cólera, le cortó el pene.
Tampoco la experiencia de quienes se animaron a donar semen y de
aquellos que hacen de la venta de material sexual un modo de vida.
Como en botica, hay de todo, para todos quienes se sientan
deseosos de vivenciar o juzgar desde un escenario la actitud y
mentalidad de los hombres frente a su órgano sexual.
LA PUESTA EN ESCENA
Aunque con un equitativo reparto de líneas que los tres actores
se lanzan con especial entrega a recrear, es Daniel Miglioranza
quien se erige en conductor del trío. Esta situación de ningún
modo opaca a los dos restantes, sino que hábilmente Luis Rossini,
el director, ha esbozado un juego ininterrumpido en que cada actor
tiene su momento especial de lucimiento.
De pronto Mazzarello, Miglioranza y Olivera se muestran tal cual
son. No aparecen los actores, sí las personas. Pero son sólo
instantes. Rápidamente, se transforman para ocupar un rol y
continuarlo hasta las últimas consecuencias.
Con un nivel impecable, los tres seducen y muestran las distintas
facetas posibles de un actor. Daniel se muestra histriónico como
pocas veces, ágil y preciso, pero también encuentra la veta
sensible para transitar los momentos que el texto así lo
requiere.
Mazzarello convence desde su sola postura. No hace falta que emita
una palabra para que se gane la complicidad del público. Pero
más allá de ello, cuando habla, se convierte en el personaje que
le toca en suerte. Y lo hace con tanto tacto como histrionismo.
Diego Olivera provocó los mayores suspiros de la platea femenina,
pero no se quedó atrás en que a profesionalidad se refiere.
Alto, atlético y dueño de una personalidad con la que sabe
seducir, supo encontrar los matices precisos para componer los
personajes que le confiaron.
Los tres supieron crear además un clima de cordialidad que se
manifiesta abiertamente a la platea, que prontamente, se enlaza
con el juego actoral.
Sin la producción que exhibió "monólogos", estas
confesiones se arreglan con un par de colorinches butacas y una
pizarra verde que el trío utiliza en distintos momentos para
garabatear figuras.
Como se aclaró, Rossini se propuso conducir la propuesta dentro
de un entretenimiento. Y a juzgar por las carcajadas que
alternadamente estallaban entre el público, lo logró.
"Confesiones..." se conoció el sábado en el Teatro
Municipal, y tras la función, el trío partió raudamente hacia
Capital, donde los esperaba una nueva representación.
Resta señalar, que previo a la función, Daniel Miglioranza fue
declarado por la Municipalidad de Luján, Embajador Cultural de la
Ciudad.
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