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Fue asesinado un comerciante del barrio San Cayetano
Una muerte sin testigos

Se trataba de Ramón Cajaravilla, dueño de un polirubro de Alsina al 1800 y policía retirado. Fue sorprendido por una persona que le descerrajó un disparo a quemarropa. Todo indica que el móvil del crimen respondería a un ajuste de cuentas. Al cierre de esta edición, la policía continuaba buscando al autor del hecho.

Ramón Cajaravilla estaba como de costumbre en su puesto de trabajo, un polirubro del barrio San Cayetano ubicado sobre la calle Alsina al 1833. Eran cerca de las 13 del jueves. Había trabajado toda la mañana y estaba a punto de cerrar las cortinas para subir a almorzar junto a su esposa y su hijo de cinco años, que lo esperaban en el primer piso del comercio, donde se levanta la vivienda familiar.
A esa hora la actividad de la cuadra -el corazón comercial de la zona- suele cesar su ajetreo de cada mañana. Tal vez por eso nadie vio un solo movimiento sospechoso; salvo la mujer de la víctima, Ana Belén Cerutti, ningún vecino escuchó el inesperado disparo que terminó con la vida del comerciante al que todos conocían, a secas, como Ramón.
El asesino habría ingresado al polirubro poco antes de que Cajaravilla cumpliera con la rutina de todos los mediodías: cerrar el local y subir a su casa a almorzar. Todo indica que esperó pacientemente el momento de actuar, cuando en el local no queda un solo cliente y las posibilidades de que alguien ingrese son mínimas.
Una vez en el interior del comercio, descerrajó un disparo certero y a quemarropa contra el cuerpo de Cajaravilla, sin darle tiempo a reaccionar. El proyectil abrió dos orificios en el tórax de la víctima tanto al entrar como al salir. En su mortal recorrido, atravesó el corazón y los pulmones, y culminó su terrible derrotero en una estantería del negocio. Cuando los policías hallaron la bala, ésta se encontraba parcialmente dañada.
Si bien todavía no se conocen los resultados del informe balístico de rigor, el arma homicida podría haber sido un revólver calibre 38.

¿AJUSTE DE CUENTAS O VENGANZA?

¿Quién asesinó a Ramón Cajaravilla? Esta era la pregunta que desvelaba a los policías hasta pocas horas después de ocurrido el asesinato, debido a que ninguno de los vecinos podía aportar datos de interés que ayudaran a develar el misterio.
No obstante, ayer al mediodía, fuentes confiables informaron a este medio que el caso podría ser esclarecido en las próximas horas y no se descarta que la policía cuente con información certera que conduzca al autor del hecho.
Sólo la mujer de la víctima escuchó la detonación. Estaba junto a su hijo en el primer piso del domicilio cuando ocurrió el episodio. Alarmada, bajó corriendo las escaleras y encontró a su marido agonizando en el piso. Sólo atinó a cerrar la persiana del negocio y corrió a buscar ayuda a una verdulería ubicada en la vereda de enfrente.
Minutos después, un móvil de los bomberos acudió al lugar y trasladó al comerciante hasta la Clínica Güemes, pero ya era demasiado tarde.
La noticia corrió a la velocidad de la luz de casa en casa. Los vecinos no tardaron en agolparse frente al polirubro. Se miraban unos a otros entre confundidos y extrañados, sin poder creer el clima pesadillesco que se había apoderado del barrio.
El dato que desconcertó a todos fue que el asesino no se habría llevado dinero del local, ni tampoco ningún objeto de valor. Por esto fue desechada de inmediato la hipótesis de robo. Los pesquisas, por lo tanto, apuntaron la investigación hacia un posible ajuste de cuentas o una venganza.
Ramón Cajaravilla era un ex policía de 56 años que se había retirado de la fuerza luego de haber sido herido en servicio. El comerciante habría sufrido en más de una oportunidad intentos de robo, pero en todos los casos frenó el accionar delictivo con la ayuda de un revólver calibre 38 largo que ocultaba en el interior del polirubro.
Algunas versiones indican que en uno de estos hechos habría conseguido herir a un delincuente, sin embargo esto no pudo ser confirmado.

UN CENTRO COMERCIAL

En la cuadra de Alsina al 1800 se aglutinan más de diez comercios de distintos rubros. Hay panaderías, verdulerías, carnicerías, una pollería y hasta una farmacia. También funcionan en el lugar la sede del Club Rivadavia y la sociedad de fomento del barrio.
Sin duda, se trata de la calle más transitada de la zona. Y justamente su popularidad suele atraer también la atención de los delincuentes. En febrero, los propietarios de un comercio ubicado a pocos metros del polirubro que pertenecía a Cajaravilla fueron asaltados. En diálogo con este medio, sostuvieron que se acercaron a la Comisaría local y dejaron en poder de la policía todos los datos del ladrón: nombre, apellido y hasta domicilio. "Pero nunca pasó nada", lamentaron.
La farmacia que está en la misma cuadra también fue recientemente blanco de la delincuencia. Los ladrones actuaron con total impunidad en el interior del local. "Y nadie se enteró de nada", afirmaron los vecinos.
A sólo una cuadra está la Escuela 19 "Martín Miguel de Güemes". En la madrugada del martes 9 de abril, por enésima vez, ladrones forzaron una ventana e ingresaron al edificio. Se llevaron una computadora, una impresora, un televisor y una videocassettera.
La noche anterior a este hecho, la sociedad de fomento del barrio también fue blanco de la delincuencia; los ladrones se alzaron con herramientas, manteles, equipos de música y bafles.
Ayer al mediodía, todos los negocios de Alsina al 1800 estaban abiertos y el ritmo comercial de la cuadra seguía sin cambios aparentes. La gente entraba y salía de los negocios, los comerciantes atendían a los clientes como todos los días. Mientras tanto, las vidrieras del polirubro donde pocas horas antes se produjo el crimen del comerciante seguían selladas por pesadas persianas.

Casos testigos

El asesinato del dueño del polirubro de Alsina al 1800 trajo a la mente de los ciudadanos dos casos que quedaron grabados para siempre: la muerte del carnicero Roberto Cursi y el ataque con armas de fuego que sufrió otro kiosquero, Mario Giannice, su esposa, uno de sus hijos, un cliente y un vecino que pasaba por el lugar.
En ambos hechos hubo patrones comunes: las víctimas eran comerciantes y los asesinos todavía permanecen en el anonimato. Nunca la policía pudo esclarecer estos casos de sangre que pusieron al desnudo la impunidad con la que actuaron los autores y la falta de respuesta de las fuerzas del orden.
Roberto Cursi tenía 69 años cuando fue acribillado el 26 de diciembre de 1998 mientras atendía su carnicería de Alte. Brown al 700. Dos delincuentes entraron al comercio con fines de robo pero terminaron matándolo. Hubo testigos que aportaron datos claves. Los malvivientes se escaparon en un Citroen amarillo con un tercer sujeto que hacía de "campana" y nunca más se supo de ellos.
El 19 de enero, apareció un auto similar en la puerta de la Comisaría. El entonces comisario Raúl Lescano dijo que el vehículo tenía que ver con el asesinato de Cursi. Sin embargo, después se supo que no tenía relación alguna con el hecho. Es más, fuentes policiales y judiciales señalaron que el Citroen había sido "plantado" por Lescano, quien jamás supo cómo resolver este caso.
También era Raúl Lescano el titular de la Policía local cuando una banda irrumpió en el domicilio de Mario Giannice. La vivienda está ubicada en la planta alta de Mitre 1347, abajo está el maxi kiosco que aún atiende este vecino.
Minutos después de la medianoche del lunes 2 de abril, cuatro delincuentes casi provocan una masacre. Atacaron a balazos a Giannice, parte de su familia y a todo aquel que se le cruzó por el camino. Se presume que lo hicieron con la tranquilidad que les daba disponer de una "zona liberada".
Los vecinos afirmaron que la Policía tardó más de lo habitual en llegar. Como consecuencia, Giannice estuvo a un paso de la muerte pero se recuperó como el resto de los heridos. A los pocos días, Lescano se fue de Luján Primera en medio de una ola de inseguridad y con pesados casos sobre sus espaldas que claman por justicia: la muerte de Pablo Isola, el cuádruple crimen de la familia Zarnic y el asesinato del joven Miñone en la Quinta de Cigordia.


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