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Revolución de 2002

Si los argentinos tuviésemos un mínimo de memoria y dignidad, deberíamos suspender la celebración patria que recuerda el 25 de Mayo de 1810. En una versión extremadamente resumida, podría decirse que en aquel entonces, un grupo de dirigentes se reunió en el Cabildo para poner fin al sometimiento y al abuso externo. Hoy el presidente de la Nación, Dr. Eduardo Duhalde, amenaza con renunciar si los legisladores patrios no aprueban las leyes que nos someterán aún más a los mandatos externos.
En esa semana de 1810, los patriotas se reunieron a discutir los asuntos locales rodeados de gente que quería conocer cuáles eran las resoluciones de sus dirigentes. ¿Quién no dibujó alguna vez el Cabildo con centenas de personas de espalda, bajo la lluvia, esperando noticias?
Hoy, el Cabildo no funciona como espacio de deliberación. Las resoluciones legislativas pasan por el Congreso y sería imposible repetir la imagen de ese Cabildo de 1810.
El jueves pasado, por ejemplo, el Congreso reforzó sus vallas y se llenaron los alrededores de policías para evitar que el pueblo se acercara a sus representantes. Antes, la ansiedad se daba por conocer cómo se diría basta a la explotación externa. Hoy, las fuerzas de seguridad tienen que proteger a los diputados y senadores nacionales porque tratan leyes que directamente entregan el patrimonio a algunos de los que fueron expulsados en 1810.
Parece mentira que desde los organismos estatales se pretenda dar valor a la recordación del 25 de Mayo de 1810 justo en los días en que se trabaja con toda la presión posible para definir en leyes el sometimiento nacional. ¿O acaso alguien pensó que fue exagerado hablar del peligro de perder la soberanía cuando se analizaron los textos de las leyes de quiebra y subversión económica?
En los días en que recordamos la Gesta de Mayo, el presidente con su esposa y una comitiva de elegidos recorrieron Italia y España pidiendo lismona y comprensión, pero con palabras de cancillería.
No es sencillo comprender todo lo que sucedió entre 1810 y el corriente año. Sería imposible enumerarlo en un editorial. De hecho, en sólo cinco meses recientes se calzaron la banda presidencial cinco presidentes distintos.
Pero sí podemos analizar un patrón común. Detrás de cada una de las acciones de gobierno -democráticas, patrióticas o de facto- hubo y hay hombres y nombres.
Cuando se declaró la Revolución de Mayo, algunos de los protagonistas que se sentaron a discutir los mejores caminos para la zona fueron el comandante Cornelio Saavedra, el comerciante Domingo Matheu, el conocer de finanzas Juan Larrea, el religioso Manuel Alberti, los abogados Manuel Belgrano y Mariano Moreno y el político reflexivo Juan José Paso, entre otros.
Cuando la Argentina entró de lleno en la devaluación del peso y se cortaron los préstamos del exterior, los que se sentaron a discutir los mejores caminos para el país fueron los gremialistas Hugo Moyano, Rodolfo Daer, José Lescano y Luis Barrionuevo; el ex corredor de autos y ahora gobernador de Santa Fe, Carlos Reutemann; el vicegobernador bonaerense transformado en gobernador Felipe Solá; el multifácetico Carlos Ruckauf; el legislador inmune a cualquier denuncia Humberto Roggero; y el presidente electo sólo por sus pares, Eduardo Duhalde, entre otros.
Conocer las características de los protagonistas de nuestra historia nos ayudará, seguramente, a entender las razones del país actual, rico en su geografía, pero empobrecido en sus estructuras sociales.

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