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El estreno de "Una bestia en
la luna"
Manuel Callau, Malena Solda y
Martín Slipak constituyen el eje de la historia de Richard
Kalinoski que en gira nacional, llegó el domingo al Teatro
Municipal. Con el respaldo de muchos premios, la obra cubrió
todas las expectativas generadas previas al debut.
"Una bestia en la luna"
es una de esas obras que reencuentra al público con el teatro
clásico, aquel que alejado de propuestas vanguardistas, centra la
acción en un tema para exponerlo a través de personajes
creíbles. Un relato, en suma, que ahondando en las diferencias y
miserias humanas, adquiere universalidad por sobre geografías y
tiempos.
Hay en la obra de Richard Kalinoski no obstante, un lugar y un
año y una historia de dolor que enlutó a miles de almas. Y la
necesidad, imperiosa y natural de encontrar consuelo al horror de
sobrevivir un genocidio.
El autor toma un personaje para pintar la sangrienta historia de
los armenios, ocurrida en 1915, donde fueron expatriados y
condenados a un exilio mortal cientos de miles de personas.
Aram es un sobreviviente que busca en nuevas tierras prometedoras,
los Estados Unidos, un espacio, un breve momento de su historia,
que le permita reconstruir desde el horror los afectos personales
perdidos.
No se trata del anhelo de formar una familia, sino la necesidad de
reemplazar los rostros queridos, barridos por la muerte, con otros
nuevos, propios de su descendencia.
Aram es fotógrafo. Registrar imágenes es algo que más que una
rutina laboral. Por eso venera esa vieja fotografía familiar, a
la que ha cortado las caras, para borrar el pasado, pero con el
anhelo de dar vida a otras. Las figuras en papel representan su
posesión más valorada. El destino le juega una cruel broma
cuando su esposa, traída de Armenia, resulta estéril. La suerte
está echada y Aram se resigna con tristeza y sin esperanza. Sólo
el consuelo del amor de su esposa y la presencia de un muchachito
callejero despejarán de su mente el recuerdo amargo de su
familia, mientras el tiempo y el afecto van dibujando nuevos
rostros amados.
El drama en escena
Manuel Iedvabni supo conferir a la pieza ese hálito esperanzador
pero también desgarrante de cada uno de los personajes que asoman
en el relato.
Supo tejer la historia a partir de un diálogo visual en el que
las miradas, los gestos y los silencios, adquieren tanta
importancia como las palabras mismas.
Como un gran movimiento "andante" de una obra musical,
la pieza aparece como una intensa pintura en la que conviven las
esperanzas de una nueva tierra, pero también la rigidez que
impone la tradición, subrayada con melodías arraigadas en cada
uno de los personajes, y algunas costumbres que la razón y el
sentido común irán torciendo con el correr de los días.
Es en esa riqueza de pequeñeces, manejadas admirablemente por el
director, donde "Una bestia en la luna" adquiere
grandeza y emoción.
Y en ese resultado no están ajenos los tres únicos actores del
drama.
Manuel Callau despliega ese Aram Tomasian que anhelante aspira a
lograr con Seta, su mujer, esa familia deseada. Y lo hace con una
convicción que lo lleva a transformarse de un hombre rígido y
dolorido, en un esposo al que el razonamiento de su mujer le
posibilitará descubrir un nuevo mundo. Con una voz que maneja
como de modo admirable, Callau se vuelve tierno, terco o encuentra
el matiz necesario para provocar el humor.
Malena Solda en el personaje más difícil de su corta carrera
escénica, entrega todo su caudal histriónico, para pintar una
niña de 14 años que logra evolucionar en toda una mujer. Dueña
de las situaciones, dulce o enérgica, supo dotar a su personaje
de toda la fuerza necesaria para jugar con convicción, y captar
la atención del público.
Martín Slipak es Vicente, el niño de la calle que terminará por
comprarse el corazón de Aram y Seta. Pero es también el relator
imprescindible para hilar la historia desde su mismo comienzo. Con
el entusiasmo propio de su edad (14 años), se vuelca a jugar con
esmerada entrega su personaje, apareciendo como el motor
irremplazable para conferir un respiro al drama.
Sin mayores decorados que algunos elementos de utilería, al que
se acopla un manejo preciso de luces y música, "Una bestia
en la luna" cautivó al público que se dio cita el domingo
por la noche en el Teatro Municipal "Trinidad Guevara".
El drama disimulado sobre el final con un mensaje esperanzador
puso al público de pie, público que, como se notó, se encontró
con un teatro capaz de movilizarlo y acercarlo a la creación
artística sin otro artilugio que la palabra.
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