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Ahora ¿no es un caos?

A pesar de que empresas multinacionales con sus publicidades nos quieran hacer creer que los 23 jugadores de la Selección Argentina serán los salvadores de un país destrozado, lo cierto es que nuestra participación en el mundial de fútbol de Corea-Japón, por más exitosa que sea, no solucionará un solo problema actual. A lo sumo, con suerte, puede ayudar en el ánimo de la gente que sigue enfrentando a diario la cruda realidad.
Ojalá el equipo de Marcelo Bielsa deslumbre en los magníficos estadios del mundial, pero el bienestar de los argentinos tendrá que llegar de la mano de un cuerpo técnico que deje, cueste lo que cueste, las recetas que diseña el Fondo Monetario Internacional.
En el corralito financiero seguramente están atrapados algunos de los jugadores de la selección, pero son miles las personas que no se interesan en lo más mínimo en el fútbol y tienen sus ahorros capturados por la política y los banqueros.
Por esas razones simples -y muchas otras que tenemos atragantadas- es que nadie debería mezclar la patética gestión del presidente Eduardo Duhalde con las ilusiones deportivas que puede despertar la selección de fútbol.
Ya se comenzó a utilizar al fútbol como cortina de humo que oculta los temas relevantes. No dejemos que lo importante pase por los flashes informativos de Fernando Niembro o Mariano Closs desde Japón.
Mientras los diarios comienzan a darle decenas de páginas a reportajes con Juan Pablo Sorín, Sebastián Verón o Claudio Caniggia o una encuesta sobre quién debe ser el delantero central o el arquero, el debate en el Congreso de una ley que asegura la impunidad para los vivos de siempre empieza a pasar desapercibida.
No retornemos a ese vicio argentino de tapar una realidad con otra. El dólar sigue su escala de aumento, los remarcadores de precios de los supermercados son las personas con más trabajo en los últimos meses, el gasoil continúa jaqueando la posibilidad de producción de las economías regionales, la gente directamente se muere de hambre, y el riesgo país -tristemente famoso hace meses- anda por cifras cercanas a la estratósfera.
Un triunfo argentino en el mundial no hará cambiar el rumbo a ese grupo de funcionarios que tiene en sus manos un poder mentiroso, relativo, dominado. Estamos mal y seguimos pendiente abajo porque Duhalde y sus colaboradores no sirven para definir absolutamente nada. Ni siquiera son prolijos administradores de la pobreza.
No solucionaron el corralito, no logran frenar al dólar, no generan confianza en el exterior, no consiguen ayuda económica, no paran la inflación, no planifican políticas alternativas y no modifican el sufrimiento de millones de pobres. Las acciones de gobierno de Duhalde hacen que el expulsado Fernando De la Rúa parezca una persona decidida.
Como pueblo sometido a esa ineficiencia, exijamos los cambios necesarios. No nos preocupemos por pedir que Bielsa ponga a Batistuta y deje a Crespo en el banco. Seamos maduros y salgamos a la calle a exigir que se vaya todo el equipo nacional, pero el que nos hace daño, el que nos viene perjudicando desde hace décadas. "Si se van todos esto será un caos", dicen los analistas. Ahora ¿no es un caos?

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