| Remís con bandera
verde
El raid delictivo de tres
ladrones se produjo el miércoles a la madrugada. Se apoderaron de
un remís y durante una hora asaltaron varias estaciones de
servicio. Huyeron a Giles y cerca del mediodía abandonaron el
auto.
El miércoles a la madrugada,
tres delincuentes salieron de recorrida por Luján. Durante una
hora, y con total impunidad, cometieron varios asaltos en
diferentes comercios de la ciudad. Nadie pudo frenarlos y la
policía de Luján Primera estuvo desaparecida.
Todo comenzó exactamente a las 5.40 cuando la agencia de remises
Zapiola recibió un llamado telefónico. A esa hora, Miguel,
coordinador de la casa de autos al instante, atendió a un hombre
que solicitaba un remís desde el teléfono público de la
estación de servicio Shell, ubicada en Gaona y Libertad del
barrio Ameghino.
Como los responsables de las remiserías están hartos de que los
ladrones aprovechen la oscuridad de la noche y la falta de
protección que les brinda la policía local, siempre intentan
tomar todo tipo de recaudos. Pero esta vez, los delincuentes
fueron muy hábiles.
Miguel le preguntó al cliente su nombre y domicilio. Sin que le
temblara la voz, el malviviente le dijo que era Fernández, un
vecino que vive a tres cuadras de la estación de servicio y que,
por el pésimo estado de la calle, prefería esperar el auto sobre
la colectora. Debido a que el diálogo le pareció muy normal,
Miguel accedió a su pedido creyendo que se trataba de un cliente
de la empresa.
Minutos después, Osvaldo -conductor del móvil 7- se subió a su
automóvil marca Volkswagen Senda, color blanco con vidrios
polarizados, y fue en busca del pasajero. Cuando llegó al lugar
no se trataba de un solo hombre sino de tres sujetos jóvenes que,
a simple vista, aparentaban no tener malas intenciones.
Sin embargo, esta banda tenía una estrategia perfectamente
ideada. Se subieron al Senda y le dijeron que tomara la avenida
Beschtetd hacia el lado del centro, porque debían realizar un
pequeño recorrido.
Cuando ingresaron a la avenida, los pasajeros se identificaron
como ladrones y le exigieron a Osvaldo que detuviera la marcha.
Sin ofrecer resistencia, el remisero dejó todas sus pertenencias
y se bajó del automóvil. Los delincuentes, de inmediato,
aceleraron para perderse de la vista de cualquier posible testigo.
La calle estaba desolada y Osvaldo debió caminar hasta la
agencia, ubicada en La Plata 427 del barrio Zapiola, para dar
aviso a la policía. Cuando llegó, ya eran las 6.20 y, pese a que
habían pasado más de 20 minutos, el coordinador intentó pedir
auxilio.
La empresa Zapiola no cuenta con una línea de teléfono para
realizar llamadas. Por eso, marcó el 0-800 de la agencia de
remises Sur -de ruta 7 y General Paz- para que dieran aviso a la
policía.
Sus colegas insistieron pero el móvil de la seccional local nunca
llegó. De todos modos, las ilusiones de Osvaldo de recuperar su
vehículo estaban latentes, porque cuando regresaba observó que
los delincuentes habían tenido un problema con el Senda a la
altura del colegio privado San Patricio.
Mientras el coordinador esperaba la llegada de la policía,
"que nunca llegó" -aseguró Miguel- un remís salió a
recorrer la zona para localizar a los ladrones. Por su parte, los
trabajadores de la agencia Open Door se apostaron en el cruce de
la ruta 192 y el ingreso a la localidad para detectar si los
delincuentes huían por ahí.
En diálogo con EL CIVISMO, Miguel no dejó de destacar la ayuda
que recibió de parte de las demás empresas de autos al instante,
en especial "la que ofrecieron las agencias Sur y Open
Door".
DE RECORRIDA
Los delincuentes no se dieron por
vencidos y lograron continuar su raid delictivo. Se presentaron en
la estación de servicio Aspro, de la esquina de Alem y ruta 7, y
se apoderaron de la recaudación de los playeros. Cerca de las
6.15 visitaron la GNC de la petrolera YPF en el cruce de Lázaro
Azpeitia y Carlos Pellegrini. Hacía sólo minutos que habían
ingresado tres playeros que corresponden al turno matutino.
Los ladrones, sin tener en cuenta que había un cliente cargando
combustible, exigieron a dos de los empleados que entregaran el
dinero que tenían en su poder. El bolsillo ya estaba satisfecho,
pero los ladrones prefirieron seguir incrementando el patrimonio.
Claro está que, para los malvivientes, otros objetivos
interesantes para atacar durante la madrugada son, también, las
estaciones de servicio. Por eso, continuaron por la ruta 7 en
dirección a la ruta 192, y en el cruce decidieron hacer otro
alto.
En esta oportunidad le tocó el turno a la estación de servicio
Los Pampeanos. Este comercio sufre asaltos con frecuencia y en la
actualidad, del modo en que se incrementa la inseguridad en la
ciudad, lo que más agradecen quienes trabajan en ella es que
nadie salió herido.
El Senda blanco estacionó al lado de uno de los surtidores. Como
no había clientes, los dos playeros a cargo de la atención al
público se acercaron al auto. Uno de ellos se asomó por la
ventanilla del conductor.
En ese instante, el ladrón al mando del volante lo apuntó con un
arma que escondía debajo de su ropa y le dijo que le diera la
recaudación. Tal como en los anteriores asaltos, los delincuentes
tomaron el dinero -que rondó en unos 110 pesos- y se fugaron.
La descripción que hicieron los empleados de la estación de
servicio confirmaba la hipótesis que se barajaba a medida que los
robos se iban haciendo públicos. Se trataba de tres personas
jóvenes, que se movilizaban en un auto de similares
características al remís sustraído a la agencia Zapiola. De
hecho, había algo que lo hacía más identificable: "Al auto
le faltaba la parrilla", contó Miguel, el coordinador de la
agencia.
Mientras esto sucedía en el centro de la ciudad, la policía
seguía sin aparecer. Los ladrones tomaron la ruta 192, cargaron
10 pesos de gas oil en la estación de servicio Rhasa y huyeron
por la Variante de Paso Gaona en dirección a la ciudad de Giles.
"En Giles hicieron desastres", arriesgó Miguel, quien
detalló que esta hipótesis la formuló cuando encontraron el
Volkswagen. El auto había sido abandonado en el camino viejo a
Pilar y en su interior se hallaba un ticket del peaje de la ruta 7
de Villa Espil.
Esto ocurrió cerca del mediodía. El auto estaba desarmado. Los
ladrones le habían sustraído la radio de comunicación, el
estéreo y los parlantes y lo habían dejado escondido en un monte
"donde realizan el desgüace", dijo Miguel.
Para ese entonces ya era tarde. La policía siempre estaba varios
pasos detrás de los malvivientes y los ladrones no habían dejado
huellas para que pudieran ser encontrados.
Hasta el cierre de esta edición no se conocen datos de los
delincuentes. Incluso, muchos de los propietarios de las
estaciones de servicio damnificadas ni siquiera se acercaron a la
seccional local para realizar la denuncia. En la mayoría de los
casos, esto se debe a la falta de respuesta que encuentran en la
fuerza que tiene sede en Las Heras al 300.
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