|
Salir de la cómoda
Ante cada aniversario, por
compromiso, los poderes establecidos de Luján redactan notas
dirigidas a la Justicia para que se investigue "hasta las
últimas consecuencias" distintos asesinatos impunes.
Sucedió días después del 15 de noviembre de 1992, cuando el
padre José "Cacho" Zaccardi fue brutalmente
asesinado. A partir de esa fecha, cada mes de noviembre, el
Concejo Deliberante escribió pedidos de investigación
dirigidos a la Justicia, para que no se olvidara del puñado
de lujanenses que recuerdan al querido sacerdote. El resultado
fue nulo.
El Concejo Deliberante y -en menor medida- el Departamento
Ejecutivo han elevado pedidos de investigación para conocer a
los autores de hechos repudiables, pero cada acción es más
un formalismo que una presión efectiva.
Con pedidos de informe y notas dirigidas a la Justicia no se
solucionará el creciente problema de la inseguridad. Como se
indicó en nuestro editorial del sábado pasado, la solución
debe partir desde varias puntas.
Sentarse en un escritorio del Concejo Deliberante para
redactar un pedido de informe es sencillo, cómodo y hasta
rutinario. Sólo basta con anotar en una agenda las fechas de
los asesinatos impunes dentro del partido de Luján, y un par
de días antes escribir unas líneas para demostrar el
compromiso con la comunidad. Se trata en alguna sesión, se
dicen algunas palabras y todos conformes, pero sin justicia.
No hay que ser gran pensador para entender que la solución
debe partir de otros lados. Si todos los lujanenses dejamos de
transitar calles tranquilas, los concejales y funcionarios del
Departamento Ejecutivo tienen que ser los primeros en pedir
respuestas a las fuerzas de seguridad y a las autoridades
políticas. Si quienes tienen la responsabilidad de dirigirnos
se resignan ante la escalada delictiva, nos obligan a todos a
vivir resignados.
Hoy Luján está sensibilizado por la muerte de Pablo Ronsoni
en manos de dos sujetos que la policía desconoce en su
aspecto y paradero. En la sociedad todavía laten los
recuerdos del caso de Ramón Cajaravilla, otro trabajador que
murió por obra y arte de asesinos. Y por sólo citar algunos
casos, para muchos la muerte de Ana María Domínguez está
impune, a pesar de que un sujeto pague sus presuntas culpas
tras las rejas.
En cambio, a pesar de la reticencia de una gran porción de la
población, Luján supo salir a la calle para pedir justicia
para la pequeña Rocío Muro. Seguramente nadie buscaba el
desenlace que se encontró, pero hoy se puede informar acerca
de una persona que fue juzgada y cumple condena en la cárcel.
Es el momento de que la fuerza popular, guiada por quienes
fueron elegidos para conducir las estructuras de gobierno,
salga a la calle a presionar a los que tienen que dar
respuestas. Si el comisario no sirve que se vaya, porque
después de todo no es más que es un mero funcionario
público.
Las autoridades políticas tienen capacidad de organización,
porque cuando algo les molesta llenan el Concejo Deliberante
de patoteros y sus ideas quedan protegidas de críticas. Por
lo tanto, no sería exagerado solicitarles que utilicen su
capacidad de organización -se sobreentiende que sin patoteros
de por medio- y trabajen en el diseño de un reclamo efectivo
de medidas que ayuden a mejorar la seguridad de nuestro
partido.
Si no son capaces de eso, por favor, por la tranquilidad de
los lujanenses hagan lo mismo que debería hacer el comisario
de Luján Primera.
Si quienes tienen la responsabilidad de dirigirnos se resignan
ante la escalada delictiva, nos obligan a todos a vivir
resignados.
|