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Delantero abanderado
Sacarse diez y hacer goles

Javier "Mamboreté" Ruiz es oriundo de Santiago del Estero y llegó a Luján hace dos temporadas. No sólo se adaptó a nuestra ciudad como un lujanense más, sino que además de jugar al fútbol y consciente de los tiempos que se viven decidió terminar sus estudios secundarios.

El sueño de "Mamboreté" es triunfar en el fútbol grande de la Argentina. Por ese motivo se despidió, hace seis años, de su Santiago del Estero querido, de su familia y de sus amigos. Y con apenas 14 años arribó a Buenos Aires con su única arma: los botines, para ganarse la vida soñando con volver, alguna vez, siendo todo un héroe.
Pero Luján no fue su primer destino. Ruiz llegó junto a unos amigos a Lanús y probó suerte en las filas del Granate y aunque rindió bien no tuvo la suerte de quedar. Luego pasó a Banfield y más tarde recaló en Dock Sud, donde jugó en las divisiones inferiores. Casi en forma fortuita, y de la mano de un conocido, llegó con un equipo de jugadores libres a participar de un amistoso en el Municipal frente a Luján y, ahí, el por entonces técnico Luis María Nicosia le echó el ojo y lo convenció para quedarse en la hoy ya disuelta pensión: "Era toda una oportunidad para mí, ya que con la posibilidad de vivir en una pensión sin tener grandes gastos y además jugando al fútbol, podía terminar con mis estudios", afirmó el santiagueño muy seguro de sí mismo.
En nuestra ciudad -aparte de convertir varios goles- se ganó el apodo de "Mamboreté", impuesto por sus compañeros de equipo por el supuesto parecido de él con un personaje de la tira "Buenos Vecinos" que se emitía por TeLeFe.
En la última temporada Javier piensa que no rindió todo lo que realmente puede, tal vez porque no tuvo la continuidad necesaria y por eso, buscando su revancha, será el único jugador -de los que habitó la pensión- que en el próximo torneo de la "C" va a estar al pie del cañón defendiendo los colores del equipo de La Banda.
"Ya hablé con Garate y me dijo que me iba a tener en sus planes", dice Mamboreté, esperando una nueva oportunidad.

ESTUDIAR PARA TRIUNFAR
El delantero es consciente de que en los tiempos que se viven hoy en día es imposible vivir del fútbol y más si se juega en un equipo de la Primera División "C". Es por eso que además de trabajar como pintor, estudia. Javier está cursando el último año del Polimodal en Carlos Keen y sueña, una vez recibido, con realizar el profesorado de Educación Física que también se dicta en nuestra ciudad.
En un juego de palabras y destacando la actualidad del jugador, es lógico que siendo originario de Banderas (Santiago del Estero) haya sido entonces elegido por los alumnos de su clase como el mejor compañero y, por ende, el encargado de portar la bandera bonaerense en uno de los últimos actos patrios.
En cuanto a las materias, Javier dice que en general le va muy bien en todas, "con la única asignatura que tengo problemas es con inglés" y si él lo dice le creemos.
Para demostrar que en el establecimiento educativo Javier es muy querido por todos, hay una anécdota que lo pinta de cuerpo entero: varios de los docentes que dictan clases en Carlos Keen algunos sábados se daban una vuelta por el Municipal para observar al "Mambo" en acción, aunque a veces se quedaban con las ganas ya que estaba como suplente y no ingresaba a jugar.
Javier sabe que el fútbol siempre da revanchas y es por eso que, ansioso, espera que Luján arranque con los entrenamientos para demostrarle a Garate que puede ser útil al equipo. Además de enamorarse de nuestra ciudad, Javier encontró el amor en nuestra ciudad con quien ya comparte su vida en el barrio Lanusse y bienvenido sea.
Aunque sabe que no le gusta que lo nombren, Javier no tiene más que palabras de agradecimiento para el doctor Jorge Peretto, quien en definitiva fue quien le consiguió la vacante en la escuela de Carlos Keen: "Jorge me dijo que mientras yo haga las cosas bien él siempre me va a estar apoyando y eso es muy importante para mí".
En lo estrictamente sentimental, recuerda sus comienzos y la llegada a Buenos Aires, y con ellos a Emilia, una tutora impuesta por su madre, que lo tenía a su cargo en Lanús ya que en esa época era menor de edad -hoy tiene 20 años-.
Hoy es un lujanense más entre tantos, el único que decidió quedarse para estudiar y triunfar. Nosotros esperamos que la vaya bien. Se lo merece.


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