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Al estilo Bielsa

¿Y si en lugar de protestar contra el técnico, los jugadores o la mala suerte tratamos de encontrar algún dato superador en la eliminación del equipo nacional de fútbol de la Copa del Mundo? ¿Y si pensamos que la lección puede servir para bajar la enfermiza autoestima? ¿Y si perder nos ayuda a mirar hacia adentro y corregir los errores que nos condenan a ser como somos o estar como estamos?
Sólo por esta vez, con la angustia de la derrota fresca, mezclemos el fútbol con la política y la caótica crisis. Si tenemos ganas de pensar en serio o, al menos, con una pizca de conciencia social, quizás haya coincidencias entre lo que ocurrió en el estadio de Migayi y lo que sucede todos los días en la Argentina, desde hace décadas.
Dicen los que saben de fútbol -o los que cobran por opinar como si supieran, que no es lo mismo- que el equipo argentino no pasó la primera ronda del mundial porque se ató a un sistema y, por orden del técnico, menospreció el estilo argentino. Esos periodistas deportivos afirman que Bielsa siempre demostró en la cancha un estilo europeo.
La convocatoria fue un claro ejemplo del estilo que buscó imprimir el técnico. Fueron todos jugadores extranjeros y exitosos, y sólo dos que hacían correr la pelota en Argentina: Claudio Husain y Ariel Ortega.
No importó que la mayoría de esas estrellas fueran suplentes en sus equipos; que estuvieran golpeados, cansados o lesionados. Eran figuras de Europa y no podían fallar. Pero hoy están hechas las valijas y Corea-Japón empieza a ser un triste recuerdo en el plano deportivo.
Extraña coincidencia argentina: en otros planos como los económicos, sociales y políticos también fracasamos por vivir al estilo europeo, dirigir al estilo europeo y creernos europeos cuando no lo somos ni estamos cerca de serlo.
Al mejor estilo Bielsa, los economistas que llegan a ministerios públicos traen bajo el brazo carpetas con ideas, planes, recetas y proyectos redactados en el exterior, para producir beneficios en el exterior.
No importan las producciones locales, las pequeñas fábricas, las empresas de recursos nacionales. Lo bueno está afuera y para ellos deben trabajar. Para esos sujetos la economía se mueve con estilo extranjero, bajo los hilos de un puñado de superempresarios que controlan las ganancias y las pérdidas de millones de personas.
Los políticos argentinos, en lugar de ocuparse de los asuntos que preocupan o "hambrean" a la mayoría de la población del país, gastan su tiempo en deliberar y aprobar leyes que se piden de afuera y que directamente destrozan la soberanía. Fieles seguidores del estilo Bielsa. El exterior es el que manda y el que sabe. Así nos fue.
Pero no todas las culpas la tienen los dirigentes. La población que durante los últimos años tuvo la fortuna de ahorrar unos pesos, lucha y hace cola por transformarlos en dólares o los deposita en bancos extranjeros, "que son más seguros que los nacionales". Así nos fue.
Algún día deberán asumir técnicos -de fútbol o económicos- que crean en las capacidades y el trabajo de los argentinos. Que miren a las inferiores y busquen valores en nuestra tierra.

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