SECCIONES

 Editorial

Escríbanos
 Portada
 Editorial
 Deportes
 Espectáculos
 Clasificados
 Archivo
 Historia
 Links
 Suplementos


 

Nos están matando

Otra vez las balas que el Estado le compra a la policía para proteger al pueblo, se utilizaron para frenar y matar al propio pueblo, que protesta contra las políticas del Estado. Así de confusa es la Argentina de hoy, de los últimos meses, de los últimos años.
Son lo mismo. Fernando De la Rúa, Eduardo Duhalde y el insoportablemente actual Carlos Saúl Menem, son lo mismo. Copian las recetas económicas que imponen el Fondo Monetario Internacional y las bancas extranjeras. Mandan a sus funcionarios a rogar ayuda a los Estados Unidos. Se muestran capaces de aceptar cualquier vejación con tal de integrar la foto de los mandatarios del primer mundo.
Y también son iguales en cuanto a su inconciencia social. A ninguno de los tres -y menos a los que se mueven detrás de ellos y sus estructuras partidarias- les interesa en lo más mínimo el hambre de la gente que, con su voto, los colocó en el privilegio del poder.
Si los precios de los alimentos más básicos están por las nubes y demuestran intenciones de seguir subiendo, es problema de las amas de casa y no de ellos, que son los autores ideológicos de las subas. A ellos y a sus familias les alcanza para la leche, el pan, la carne, las pastas y los vinos, por eso el problema no entra en sus lujosos hogares.
Si la salud pasó a ser un lujo de pocos y un sufrimiento de millones, es problema de los profesionales y trabajadores de la salud, que no se saben adaptarse a las complejas circunstancias de las coyunturas (para usar frases políticas que simulan decir mucho y no dicen nada). Total, sus familias están protegidas por las mejores medicinas prepagas y de los hospitales sólo conocen lo que muestra la serie "ER Emergencias".
Si la seguridad es un recuerdo y ahora es una lotería el hecho de salir a la calle, los responsables deben ser los policías, que no hacen el trabajo que les corresponde. A sus allegados los protegen armas y alarmas privadas, y por sus barrios no caminan, porque son blanco fácil de los escraches.
Y si un grupo de desocupados, embanderados detrás del movimiento piquetero, decide protestar contra la indiferencia oficial y las balas de la policía apuntan a los cuerpos de los manifestantes, la culpa será de alguien que se encargará de encontrar la justicia que, como siempre, investigará hasta las últimas consecuencias. Para pasar los momentos de tensión, bastará con calificar de "zurditos" a los protagonistas.
Ellos, los señores del poder político, jamás se hacen cargo de nada. Y si sus políticas desembocan en muertes, habrá que investigar a las fuerzas de seguridad. Nunca a los que dieron las órdenes.
Ni siquiera se sienten aludidos cuando la gente pide a los gritos que se vayan todos. Es más, algunos se creen que son los depositarios de la confianza popular y utilizan los aberrantes casos de violencia y muerte para publicitar sus intenciones de llegar a la presidencia.
Es la actual clase política la que nos está matando. Y todos los que aparecen en las cámaras de televisión tienen una cuota de responsabilidad, porque los últimos años nos demostraron que cuando llegan al sillón de Rivadavia, cualquiera sea su pasado, terminan dando siempre las mismas órdenes.

Volver a Principal