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XIV Salón del Tango
El tango en la pintura

El sábado quedó inaugurada una nueva edición del certamen en el Museo Municipal de Bellas Artes, ocasión en que fueron entregadas las distinciones dispuestas por el jurado. No faltó la danza tradicional que enriqueció el encuentro.

Cerca de un centenar de obras inscriptas -no sólo de distintas localidades bonaerenses sino de otras dos provincias- congregó la edición XIV del Salón del Tango, inaugurada el sábado en el Museo Municipal de Bellas Artes. Cuando todos los cálculos optimistas -según los organizadores- hacían creer que el número podría descender de manera pronunciada, los artistas una vez más demostraron su capacidad de trabajo, voluntad y resistencia, para enviar sus trabajos y a partir de ellos, expresar su multifacética visión sobre ese arte musical que ganó el mundo en el siglo pasado. El número de obras casi igualó al del certamen realizado el año último, siendo expuestas sólo 68 realizaciones, conforme lo dispuesto por un jurado que integraron, en esta ocasión, Gustavo Navone, Jorge Ricciardulli y Horacio Scarnato.
Difícil resultó la labor del cuerpo para determinar entre el importante número seleccionado, los trabajos finalmente distinguidos.
Una vez más, parejas lanzadas a la danza, quejumbrosos rincones de la ciudad, los instrumentistas típicos, la figura de Carlos Gardel, los rostros de aquellos que desconfiaron del género, y otras expresiones vertidas por igual dentro de la escuela figurativa y abstracta, fueron el motor que despertó la motivación de los creadores.
Síntesis de esa expresión resultó "Homenaje a Enrique Santos Discépolo" de Carlos Raúl Médici, de San Antonio de Padua, que se hizo acreedor al primer premio. Obra plena y lúcida que recrea con inteligencia el mundo y vigencia del recordado poeta, expuesta con una paleta austera e inclusión de técnicas mixtas.
Las menciones otorgadas ensayan otras visiones, que van desde las reservas con que un sector de la sociedad apreció la aparición del ritmo ("Moral tango", de Jorge Ledesma, Moreno, 1ª mención), la nostalgia de los tiempos ("Tiempos de tango", de Fabiana Romano, Villa María, Córdoba, 2ª mención), el viejo salón poblado de apasionados danzarines ("El bailongo", de Carlos Merello, Zárate, 3ª mención), la intimidad en la danza ("Acorraladitos", de Mónica Silva Cabrera, Capital Federal), hasta la aterciopelada visión de la ciudad ("Mi Buenos Aires querido", de Brambiya, Luján, mención especial del jurado).
Por sobre esta nómina, la mayoría de los trabajos colgados no sólo ratifican el nivel del salón, sino que demuestran la perseverante actitud de los pintores por capturar en las telas la idiosincracia del género musical, acordándole a cada una, interés y comunicatividad.

El acto inaugural
Un centenar de participantes dio animación al acto de inauguración del salón, el sábado al anochecer.
Correspondió a la directora de Cultura, Nora Chacón, abrir la ceremonia con palabras de bienvenida a los asistentes; luego destacó el contínuo auspicio de los creadores hacia el salón, en especial este año no obstante la crisis, señalando que dicha circunstancia llevó a quienes lo organizaron a dudar sobre la conveniencia de concretarlo.
La oradora, por último, valoró la acción del jurado, y para proceder a la entrega de premios correspondientes, convocó a integrantes de la Asociación de Amigos del Museo, personalidades de la cultura y miembros del jurado.
Aplaudidas fueron las breves palabras de Carlos Raúl Médici al recibir su distinción. A propósito de su trabajo, el artista premiado evocó la figura y obra de Discépolo, señalando que mediante la palabra y la poesía resultó un crítico extraordinario de su tiempo, haciéndolo en paz, circunstancia que debería imitarse en estos tiempos difíciles.
Con posterioridad fue servido un vino de honor, que alentó a los artistas participantes a dialogar con sus pares, mientras otra porción del público, se lanzó a apreciar con detenimiento cada uno de los trabajos expuestos.

El buen baile
Una nota atractiva se sumó el sábado al acto y fue la participación de la pareja de danzas que integran Federico Strumeio y Valeria García.
Tres obras presentadas pusieron de relieve la preparación y creatividad para encarar la danza. A lo largo de ellas, la pareja exhibió no sólo elegancia, sino toda la energía y seducción que el mismo baile conlleva. Sin recurrir a demasiadas acrobacias, sólo con una inteligente sucesión de pasos que los llevó a ganar el espacio en distintas direcciones y posiciones del cuerpo, ambos deleitaron con su trazo coreográfico, mérito al que se unió la delicada vestimenta de color gris que exhibieron durante su presentación.
El público que delimitó un espacioso escenario, premió la intervención de la pareja con un prologado aplauso.


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