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Una supuesta reunión
Ante una situación como la
actual, nadie podría juzgarnos si intentamos, al menos una
vez, analizar la realidad con cierta ironía o humor. En ese
plano, imaginemos una reunión del martes pasado entre el
senador en uso de la Presidencia de la Nación, Eduardo
Duhalde, y sus asesores más cercanos. Los contenidos de la
charla serían los siguientes:
Mucho antes de lo previsto se nos cayó el mundial de
Corea-Japón. Esa sana distracción para el pueblo que podía
ser el fútbol se desvaneció una madrugada, con un tiro libre
de un sueco que no lo conoce ni la madre.
Otro asesor del primer mandatario, con cara de resignación,
dirá que tampoco sirvió para el entretenimiento mediático
la aparición de animales mutilados por diversos puntos de la
pampa húmeda. "Chiche" Gelbung hizo todo lo humano
y extrahumano posible, pero los extraterrestres, las sectas,
los estigmas y el chupacabras cedieron rápidamente ante la
contundencia de la ciencia: las vacas morían por causas
naturales y unos ratoncitos hocico rojo, que modificaron su
dieta, las transformaron en sus banquetes. Otro tema a
descartar para mantener ocupados los ojos y los oídos de la
gente.
¿Qué quedaba entonces? se analizó en ese encuentro a
puertas cerradas. ¿Y si con el aporte desinteresado de algún
medio de prensa con gran llegada sembramos la duda acerca del
paradero de Alfredo Yabrán?
La ecuación era perfecta. Su suicidio es un misterio más
grande que la desaparición de Cecilia Giubileo, "porque
con el disparo se desfiguró la cara", afirmaban los
peritos de ese caso. Por otra parte, la inquietud para conocer
a fondo qué fue de su vida (o muerte) desvela a las amas de
casa, trabajadores y desocupados argentinos por igual. Y
además, había una yapa en la instalación de ese tema:
Yabrán siempre declaró su antipatía hacia Eduardo Duhalde,
con suposiciones tan tenebrosas que llegaron a señalar la
posibilidad de haber mandado a matar al reportero gráfico
José Luis Cabezas, con el único fin de tirar su cuerpo en el
camino que Duhalde usaba, en la costa, para ir a pescar.
Sin embargo, admiten los asesores de Duhalde, el tema no duró
lo esperado. Se armó la seguidilla de informes especiales con
un par de datos sueltos y, rápido de reflejos, el presidente
llamó a los padres de Cabezas. Conferencia de prensa en la
Casa de Gobierno, "Crónica" en vivo con todas las
imágenes y el anuncio de la ayuda a los ancianos padres para
que viajen a Estados Unidos, con su abogado, a realizar una
denuncia más.
Dos días de distracción y la gente que vuelve a reparar en
los precios que aumentan; en la falta de dinero para cubrir
las necesidades básicas; en la colaboración del FMI que
sigue sin definirse y en la muerte que vuelve a copar las
calles ante una protesta popular.
Abatidos, los colaboradores de Duhalde se retiran de la
reunión con el desenlace de una gestión latiendo en sus
mentes. Los cuerpos de Darío Santillán y Maxi Kosteki le
arrebataron al "duhaldismo" el único logro que
podía sostener un gobierno que apenas ocupará una carilla en
los futuros manuales de historia: la paz social.
"No servimos ni siquiera para eso", dijo alguien.
Duhalde llamó a conferencia de prensa e informó lo que
pensó que demoraría muchos meses más: "En marzo de
2003, elecciones para elegir presidente", expresó. Y las
caníbales estructuras político-partidarias, como ratoncitos
hocico rojo, comenzaron a movilizar sus cuerpos. Esperemos,
por el bien del país, que lo primero que se devoren esas
plagas de la decadencia argentina sean a los candidatos y
figuras de siempre. |