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Lo ideal y lo posible
El pueblo argentino celebró
su Día de la Independencia en un marco de profunda
incertidumbre política. Un puñado de políticos que cuenta
con decenas de horas de televisión y radio, o centenas de
páginas de los diarios de tirada nacional, vuelven a
enfrentar sus dichos y promesas para acceder al poder a partir
del 25 de mayo del año próximo.
Los caceroleros primero y los asambleístas populares
después, se cansaron de pedir a gritos "que se vayan
todos". El reclamo tiene innumerable cantidad de
argumentos, uno más contundente que el otro: jubilaciones de
privilegio; gastos reservados; política de entrega a los
intereses extranjeros; abusos de poder; represión desmedida;
descuido de las necesidades básicas del pueblo; hambre en
tierras ricas; miseria para el enriquecimiento de muy pocos,
etc., etc.
Entre los pedidos de la gente y la falta de salidas para una
crisis que nos está devorando a todos, la clase política que
hoy nos gobierna entendió que lo urgente es una renovación.
Hay quienes lo entendieron mejor que otros, pero también
aparecen quienes adhieren al clamor de que se vayan todos con
una calculadora en la mano y las especulaciones sobre futuros
posicionamientos a flor de piel.
Tal es el caso de la preferida de los "medios
progresistas", Elisa Carrió -a la que muchos periodistas
se empecinan en nombrar como "Lilita"-, quien el
lunes amenazó con no presentar su candidatura a presidente si
en las elecciones de marzo no se acepta renovar todos los
cargos. ¿No se da cuenta que el país no está como para
aguantar caprichos de figuras políticas?
Tampoco solucionamos nada mostrándonos en cámara ante cada
protesta popular o piquete masivo. Esa parece ser la política
de Luis Zamora, respetado en sus ideas y en su discurso, que
siempre tiene eje en las necesidades de la gente, pero que
demuestra carecer de una mínima proyección a futuro.
Si Carrió o Zamora quieren ser los protagonistas de la
reconstrucción nacional, que trabajen en otra dirección o
expongan y debatan sus planes de gobierno. Carlos Menem no
necesita exponer sus planes, porque en diez años de gestión
dejó muestras claras de cómo gobierna. Muchas de esas
muestras directamente se transformaron en pruebas que todavía
hoy analiza la Justicia. Por más que ahora se escuchen
desmemoriados que aseguran "el turco es el único que nos
puede salvar", con un mínimo de inteligencia lograrán
recapacitar y no votar para repetir -y profundizar- errores.
Hoy los políticos de turno empiezan a aceptar la posibilidad
del retiro adelantado. Y en este momento, el pueblo debe
exigir algo más que la proclama "que se vayan
todos". Con el mismo énfasis, habrá que presionar para
que los sujetos de la democracia que se perfilan como
responsables del futuro, definan acciones en materia
económica, social, educativa y de salud. Que proyecten
mejorar lo básico.
Es necesario que se pidan esas condiciones mínimas. Al menos
es el consuelo que les queda a los que, a partir de mayo del
año próximo, esperan un cambio de rumbo. Ese cambio lo
tendrán que dar los políticos, pero, por favor, con nuevas
ideas.
Lo ideal sería que ante la huida de la clase gobernante, sus
espacios sean ocupados por trabajadores sociales, por personas
que tengan reconocida trayectoria en tareas solidarias, por
sujetos transparentes no sólo en sus declaraciones juradas,
sino también en sus modos de vida. Como lo ideal resulta
inalcanzable, que lo posible sea digno para el pueblo. |