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Paso a paso
Estos años de asentamiento
en la crisis nos permiten analizar algunas conductas que se
condicen con esa frase tan escuchada: "tenemos lo que nos
merecemos". Los estadísticas afirman que cerca de un 54
por ciento de la población del país está por debajo de la
línea de la pobreza y que el 45 por ciento de la población
en condiciones de trabajar, figura en el inabordable listado
de desocupados. Apenas dos cifras, entre centenas, que nos
acercan a un diagnóstico de la realidad.
Si esos datos son reales, palpables, visibles, no podemos
darnos el lujo de desperdiciar fuerzas, recursos, tiempo,
ideas y voluntad en discutir por qué Carlos "Lole"
Reutemann no se presentará como candidato a presidente por el
Partido Justicialista para marzo de 2003. Mucho menos perder
horas, días o semanas en entender qué hará Elisa Carrió,
Aníbal Ibarra, Néstor Kirchner o Carlos Menem. Si nos damos
ese lujo seremos digno de esa frase: "tenemos lo que nos
merecemos".
Por las cifras que se señalaron más arriba y por todas las
que usted tendrá fresca en su mente, urge que seamos maduros
una vez en la vida política de este país. No estamos en
condiciones de debatir hasta marzo de 2003 qué candidato es
el más adecuado para sacarnos del pozo.
En estos meses que nos separan de las elecciones, la prioridad
debe apuntar a intentar una salida del agujero en el que
estamos inmersos. En todo caso, si no nos creemos capaces de
esa tarea, luchemos para no seguir sumergiéndonos.
No nos apartemos de los verdaderos problemas, porque el país
padece al ritmo de conflictos inventados y posicionados por la
prensa como "muy serios" (caducidad de algunos
mandatos, alianzas, reuniones, definiciones e indefiniciones
de figuras de la política, etc.).
¿Los lujanenses no tenemos problemas bien cercanos que se
deberían atender? ¿No es más saludable gastar esfuerzo en
esas cuestiones y no estar sentados ante el televisor como
autómatas, mirando si Reutemann sigue su carrera o abandona?
En realidad, si queremos ocuparnos de la política, reparemos
en la política que más cerca tenemos; en esa que, con
esfuerzo o con firmeza, podemos llegar a corregir. La
población de Luján tiene de qué preocuparse.
En sus años de gestión como intendente municipal, Miguel
Prince supo construir una deuda en la administración pública
que hoy se calcula en unos 15 millones de pesos. No es la
deuda externa, que para analizarla tenemos que estudiar
centenas de factores. Prince asumió con una deuda mínima y
hoy generó un rojo que compromete a los futuros gobiernos
comunales.
Quizás la señora que cuenta sus monedas para enfrentar los
precios todas las mañanas no logre estimar la magnitud de esa
deuda. Pero sin dudas comprenderá que esa repetición de
errores administrativos y planificación de gobierno desemboca
en situaciones insostenibles: un Hospital Municipal caótico
en sus estructuras y recursos materiales y humanos; salas de
primeros auxilios que se transforman en edificios decorativos
dentro de los barrios; calles sin colectivos y remises o taxis
que se mueven con excesiva libertad; concesiones que se vencen
sin que los "inquilinos" paguen lo que corresponde;
ordenanzas que se sancionan, se guardan en cajones que nadie
consulta y jamás se aplican.
Esos son los problemas que nos tienen que preocupar y ocupar.
Gastemos el tiempo en pensar soluciones para lo que nos afecta
desde cerca. Sólo si obtenemos logros pequeños en
estructuras pequeñas, comenzarán a cambiar las grandes
cosas. |