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El costo de la sordera

Hace menos de un año que la ciudadanía argentina concurrió a las urnas para elegir representantes provenientes de la política. Los resultados fueron alarmantes. Todos los candidatos, entre ellos los "ganadores", admitieron las características históricas de un electorado volcado de modo masivo hacia los votos en blanco o nulos.
Hasta el propio intendente de Luján, Miguel Angel Prince, a pesar de conseguir el ingreso de siete concejales de su lista, aceptó la derrota ante el descontento popular. La mayoría de los votantes pidió un cambio de figuras, de ideas, de proyectos, de camino.
La incapacidad de los dirigentes nacionales, encabezados por Fernando De la Rúa, que no supieron qué hacer con la pesada herencia dejada por Carlos Menem, arrojó al país en una crisis que Eduardo Duhalde no tiene idea de cómo paliar. En tales condiciones, el senador en uso de la Presidencia adelantó los comicios para elegir nuevos presidente y vicepresidente. Hay quienes dicen que huye; otros prefieren explicarlo como la salida más rápida y esperanzadora.
Lo cierto es que en pocos meses más los mismos votantes que optaron por el "voto bronca" (más un puñado de adolescentes que harán su debut en las urnas) tendrán que escoger entre las opciones posibles.
A juzgar por la lógica y la historia reciente, los candidatos deberían ser personas que nunca antes transitaron los pasillos de la política; que no saben de negociaciones partidarias; que desconocen la expresión "acuerdos de cúpulas"; que repudien las internas entre líneas que, se supone, piensan parecido; que renieguen de los gastos de la política.
Era de imaginar que los candidatos de las elecciones inmediatamente posteriores al "voto bronca" serían figuras ligadas al trabajo social; a las actividades solidarias; a los sectores progresistas de la Iglesia; a la defensa de causas justas que no siempre aparecen en los medios de prensa.
Un ciudadano común tal vez pensaba que los candidatos de esas elecciones jamás habrían pisado el estudio donde se graban programas como "A dos Voces" y "Hora Clave", tribunas políticas del "establishment" que repiten invitados como si estos personajes tuviesen novedades importantes que exponer.
Contra toda lógica, la realidad marca que el pensamiento expuesto más arriba volvió a equivocarse. En principio, hay que señalar que la discusión central una vez más se mueve alrededor de una interna política. ¿Jamás aprenderemos? ¿No es tiempo de juntar esfuerzos y armar coaliciones de ideas, de partidos, de propuestas?
Además, aunque resulte increíble, las figuras que se mencionan como precandidatos o candidatos están totalmente alejados del pedido mayoritario que hablaba de una obligación de cambio. Es muy simple. Si los candidatos fueran nuevos, cuando se los mencionara debería existir un asombro ante su pasado político y su militancia.
Los que se perfilan como candidatos para las próximas elecciones parecen ser Carlos Saúl Menem, José de la Sota, Juan Carlos Romero, Néstor Krichner y Adolfo Rodríguez Saá (por el lado del PJ); Elisa Carrió (del ARI), Rodolfo Terragno o Angel Rozas (de la UCR) y Luis Zamora (por la Izquierda). ¿No son políticos que ya demostraron su incapacidad dentro de los espacios que les tocó ocupar? En el plan local la situación es similar. Miguel Prince, Juan Carlos Juárez, Gerardo Amado y Silverio Sallaberry, Raúl Suescun. ¿No escuchamos demasiado de ellos?
Seguramente coincidimos en la respuesta, pero dar el paso al costado implicaría reducir sus ingresos, cambiar su modo de vida y trabajar con otro ritmo. Por eso, es más fácil desoír la voluntad popular, mientras la gente sigue pagando el costo de la sordera.

 

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