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Estrategia política

A principios de marzo del corriente año este medio informó que el plantel de funcionarios, coordinadores y empleados -que ingresaron sin haber sido sometidos a un concurso- le costaba a la Municipalidad cerca del millón de pesos por año. El intendente Miguel Prince protestó, pero jamás contó con herramientas ciertas para desmentir los datos. Eran y son miles y miles de pesos que se tiraban y tiran a la burocracia y al clientelismo político.
Para esa altura del año, Luján no era un lujo. Era casi tan caótico e imprevisible como hoy, pero al menos una empresa de colectivos rodaba por las calles; la inseguridad no había llegado a los extremos actuales y producto de la falta de ideas, todavía no se habían entregado gratuitamente algunos de los pocos espacios que la Municipalidad tiene para generar recursos genuinos: las unidades turísticas del Balneario. Estábamos mal, pero se podía llegar a tener un mínimo de esperanza en la mejora de la ciudad.
Hoy, como casi siempre, Miguel Prince se siente inmune a las críticas -sobre todo mediáticas- por su "capacidad" para cerrar consensos. Asegura que con eso le basta y sobra. Es, para decirlo de algún modo, un especialista en crear compromisos ciudadanos bajo una falsa descentralización de su poder.
Inventa comisiones, consejos, grupos de trabajo y demás rejuntes parecidos, con el único objetivo de arrimar instituciones y vecinos a su estructura de gobierno. Además, suele reforzar esas acciones demagógicas con innecesarios nombramientos.
Sin embargo, el tiempo es testigo de la ineficiencia de sus acciones. Todos sus consejos, comisiones y creaciones similares son un fracaso rotundo a la ahora de evaluar sus resultados. Se gastan meses, esfuerzos, ideas y dinero de la gente con el único resultado visible de perpetuarse en el poder.
Los lujanenses hemos sido testigos de inutilidades tales como el Consejo Asesor Barrial; el Foro de Seguridad de Luján 1ra. y 2da.; la comisión pro Parque Industrial; la comisión de notables que atendería los problemas de Emaco; la Unidad de Emergencia; el grupo de trabajo para acordar los lineamientos de un Plan Turístico; el inflado de la oficialista Asociación de Despedidos de Luján; el pomposo Consejo Administrativo del Hospital o el intento actual por armar un "Consejo Municipal de Seguridad en el Comercio", por sólo citar algunos ejemplos.
En muchos de los casos mencionados, Prince involucra a parte de la comunidad en su peligroso doble juego: si las cosas salen bien, fue "la gestión Prince" la que impulsó las tareas; pero si todo termina como en los alrededores de la estación de trenes (con denuncias judiciales para la Comuna y la sociedad de fomento de El Trébol), la responsabilidad se desdibuja, porque Prince también es habitué de los acuerdos "de palabra".
La situación que atraviesa la comunidad de Luján en casi todos los aspectos es de una precariedad alarmante. Pero el intendente, en lugar de atender las urgencias con seriedad, sigue subido a su tren del éxito. Un tren que tiene las ventanillas blindadas para no escuchar críticas, y cuyos pasajeros son la inmensa cantidad de funcionarios, amigos, empleados y allegados que disfrutan de las delicias de ese viaje que no se sabe a dónde va, pero que pagamos todos, a un costo superior al millón de pesos anuales.

 

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