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Signos de organización

¿Será la falta de dinero para movilizarse? ¿La causa radicará en una resignación? ¿Se habrán terminado las fuerzas para luchar contra los abusos? ¿El gobierno encontró las herramientas para aplacar los gritos de justicia? ¿Se estará dando una mezcla de todos estos factores? Algo sucede con las entidades u organizaciones que años atrás reclaman por sus derechos.
En Luján, era una constante recibir noticias de las organizaciones no gubernamentales de Jáuregui y su férrea pelea contra la indiferencia oficial, contra las autoridades de turno, contra los intereses económicos, contra la contaminación que los mata en silencio. ¿Qué pasó con esa fuerza popular que supo golpear las puertas de los poderosos y mostrarles en la cara las consecuencias de sus manejos?
La situación en Jáuregui es la misma -o tal vez peor- que la de años atrás. Las agentes contaminantes siguen sus actividades sin reparar demasiado en su entorno. Y si a ello se le suma una pasividad de la gente, que prefiere aceptar los problemas cruzada de brazos, la actualidad de ese pueblo es un tanto triste.
De las autoridades del Municipio no deben ni quieren esperar nada; de hecho, cuando hay elecciones los ratifican en sus cargos con una gran mayoría de votos. Ante esa realidad, es lógico que Miguel Prince y sus funcionarios piensen que su política para el pueblo de Jáuregui es la correcta.
El crecimiento de las patologías oncológicas en toda la zona (por citar sólo el ejemplo más irritante) será entendida como una extraña casualidad que les deparó el destino.
Sin embargo, a la quietud de Jáuregui se puede oponer un auge de otra clase de organizaciones, más espontáneas, menos homogéneas y, si se quiere, hasta más triviales, pero no menos justas.
Para fortuna de los que tienen esperanza en un cambio, en Luján crecen o al menos se mantienen -lo cual es mucho más complejo de lo que se piensa- grupos de personas que reclaman con firmeza por sus derechos.
La Asamblea de Vecinos sigue su marcha en favor de los derechos de todos y en pos de una toma de conciencia acerca de las cuestiones que tendríamos que defender. Sus expresiones son variadas: volantes, reuniones, charlas, recitales, propuestas, pintadas, compras comunitarias. Todo suma.
También surgió en las últimas semanas una llamativa unión de vecinos para luchar por los abusivos aumentos de la televisión por cable. Cientos de personas -en su enorme mayoría muy mayores de edad- no quieren pagar fortunas por uno de los escasos entretenimientos que les está dejando disfrutar la insoportable crisis.
Es cierto, siguen sin aparecer con fuerza los reclamos de los jubilados y pensionados de Luján; de los ahorristas acorralados; de los que se sienten estafados por las deudas de la Municipalidad; de los que tienen hambre. Pero de todos modos, hay signos de que la gente está colmada en su capacidad de aceptación.
Y aunque suene un tanto turbulento, no hay nada más saludable para un pueblo que su sociedad consciente de los problemas, atenta a la realidad y dispuesta a manifestarse.

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