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O'Neill en Luján
Es una lástima que Paul
O'Neill, secretario del Tesoro de los Estados Unidos, ya haya
sacado sus pies de nuestras productivas pero fundidas tierras.
Los funcionarios nacionales, por pedido expreso del supremo
prestamista, le organizaron un tour "social" de
tercer mundo. La idea era que O'Neill se chocara con la
realidad que tan bien supieron construir la opresión de su
país y el robo sistemático de los fondos públicos por parte
de nuestros representantes. Por supuesto: el choque con esa
cruda realidad tenía que ser leve; que le doliera, pero no
mucho.
Con ese fin y envuelto en un enorme operativo de seguridad, el
ministro de Economía norteamericano visitó el Jardín
Comunitario Barrio Argentino, de Merlo Norte. Primer error
conceptual de quienes armaron el tour: ese establecimiento
cuenta con financiación de un programa del Banco Mundial,
aporte que le permite brindar desayuno, almuerzo y merienda
para toda su matrícula. Esos servicios, en la media de los
establecimientos educativos del país, es un objetivo que no
se logra todos los meses.
Más tarde, el funcionario del país del norte recorrió las
instalaciones de la Escuela de Enseñanza Media Nº 6 de Don
Torcuato. Por último, se internó en los edificios de una
fábrica metalúrgica de Villa Urquiza, sitio en el que los
organizadores de la recorrida concretaron el segundo error
conceptual. Si lo positivo para la Argentina era que O'Neill
observara lo mal que estamos, la visita tenía que realizarse
a una de las miles de empresas o fábricas que cerraron sus
puertas durante los últimos años.
Mostrarle una fábrica en funcionamiento, debió acompañarse
de una explicación que señalara que O'Neill tenía ante sus
ojos una verdadera especie en extinción.
Como se dijo en el inicio de este editorial, es una lástima
que el secretario del Tesoro haya dejado las productivas pero
fundidas tierras locales. Los lujanenses, que comparativamente
no somos el último orejón del tarro de la pobreza, igual le
podríamos haber armado un tour muy realista que, quizás,
hubiese logrado sensibilizar al señor del capitalismo
salvaje.
Si su idea era encontrar imágenes del tercer mundo, el
recorrido se podría haber comenzado en la Escuela Nº 3, de
Sucre. Primero debía atravesar los barrios más carenciados
de Luján, tomar por un camino de tierra, y bordear nada menos
que cientos de metros de basura de los más diversos colores y
olores. Al llegar al establecimiento, encontraría a las
maestras ordenando el desastre que dejó el último robo, que
incluyó inexplicables destrozos.
El salir de allí, el tour con O'Neill a bordo podía virar en
su temática y permitirle que observara fábricas, si es lo
que el funcionario quería. Bastaba con tomar por Fray Manuel
de Torres y señalarle los inactivos edificios de Massera
S.A., una empresa que supo ser exportadora del "ice
cream" más rico de la zona. Sólo un par de metros más
adelante aparecerían ante su vista los imponentes, pero en
remate judicial, galpones de Inafor; otra firma que no logró
sobrevivir a la crisis. Y para terminar el apartado
"productivo", una recorrida por el gran monstruo
dormido por la quiebra: Aldogonera Flandria.
Para el final -porque O'Neill es un hombre grande y se debe
cansar rápido-, los lujanenses le hubiésemos podido ofrecer
una sorpresa muy norteamericana: cena en Mc'Donalds, a metros
de la Basílica. Lo único que debía arreglarse de antemano
era el horario de regreso. No vaya a ser cosa que la cajita
feliz se atrase y O'Neill quede encerrado en el local, en el
momento justo en que decenas de chicos y grandes se pelean en
la puerta para tomar lo más sabroso que ofrecen las bolsas de
basura.
Es una lástima que O'Neill ya se haya retirado del país.
Entendemos, desde estas humildes tierras, que no se reunió
con la gente indicada y tampoco miró lo que tenía que mirar.
Para la próxima visita, Luján, sede del turismo en masa, lo
espera con sus impactantes imágenes. |