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Depredadores
Mientras el precio de los metales
siga en alza, cualquier objeto que aparezca en la vía pública
estará a merced de los ladrones. Lo que más se busca son las
tapas de DOSBA y SEGBA que abundan en calles y veredas del casco
urbano.
De Buenos Aires a Luján o
viceversa, la distancia cada vez parece más corta. Esta frase
bien podría amoldarse en estos tiempos para la jerga delictual.
Como sucede en diferentes barrios de la Capital Federal, la
"moda" de robar objetos de cobre o hierro también
llegó a esta ciudad.
Noches atrás, EL CIVISMO observó de manera circunstancial cómo
un grupo de jóvenes intentó llevarse la tapa de hierro ubicada
en la esquina de French y Rodolfo Moreno, justo frente a la
Escuela Nº 7.
La escena pasó cerca de las 23 y a la vista de todo el mundo. En
total eran 4 sujetos que forcejeaban para desprender la pesada
tapa de hierro macizo. Tres de ellos utilizaba ganchos, sogas y un
destornillador de grandes dimensiones para hacer palanca y
desprenderla de su lugar. El cuarto hacía de "campana"
y solo uno de ellos tenía la cara cubierta.
La tarea no resultó sencilla, además de estar sellada por su
propio peso, la tierra y el óxido acumulado en sus bordes hizo
aún más díficil la misión. A ciencia cierta no se sabe el peso
exacto de cada tapa pero se presume que supera con amplitud los
100 kilos. Eso, traducido en dinero en efectivo significa una
cifra más que atractiva para épocas de bolsillos vacíos y que,
de paso, sirve para seducir a cualquier ladrón de "poca
monta".
Este tipo de robos se hizo frecuente a partir de la devaluación.
La salida de la convertibilidad provocó que la cotización de los
metales se disparara por las nubes.
Al poco tiempo, las consecuencias comenzaron a hacerse notar. Hace
algunas semanas se produjo una seguidilla de robos a caños de
cobre de instalaciones de gas domiciliarias y de algunos
establecimientos educativos que despertaron gran preocupación en
la población.
En algunos casos, los vecinos tomaron previsiones. A la boca de
tormenta de Sarmiento y Almirante Brown se le adozaron dos trabas
para evitar que sean robadas.
Pero no todos tuvieron la misma suerte. El enrejado del piso de la
ex- estación de servicio de Mitre y Constitución desapareció.
Lo mismo ocurrió con algunas bocas que se utilizaban para
descargar el combustible que iba a parar a los tanques
subterráneos.
Aunque nadie dio precisiones al respecto, varios vecinos presumen
que fueron los ladrones quienes aprovecharon la oportunidad para
llevarse todos los objetos de metal que habían quedado
abandonados en la vieja estación de servicio Shell.
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