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Los Angeles de Michael

Como se evidenció en las expresiones sinceras de las mujeres del barrio Ameghino y como se demuestra cada día en nuestro partido de Luján, una de las tantas estrategias políticas del intendente Miguel Prince se manifiesta en el trabajo de un grupo de mujeres.
En el barrio Ameghino, por ejemplo, la flamante embajadora del "clientelismo" es Silvia Márquez. Ex militante del Frente Grande y actual "princista", la señora se insertó en el barrio con una simple carta de presentación: "trabajadora social". Con esa chapa ya se metió en la labor de las responsables del comedor social; manejaría las clases de apoyo escolar, y el domingo pasado -junto a Graciela Galarraga- fue protagonista del escándalo asistencialista del Día del Niño.
Otra pata de la estrategia la representa Alicia Vidangos Marra. Si bien años atrás -desde su "Bloque El Quinto del PJ"-, se cansó de criticar la modalidad de trabajo de Prince y de María Inés Fernández de Guibaud, ahora sufriría de amnesia ideológica. Se olvidó de las diferencias con el intendente, dejó a un costado las internas feroces, y pasó a ser una de las mujeres de confianza de la administración.
Su intervención fue clave para frenar la bronca por la falta de respuestas oficiales ante los manejos de la empresa EMACO. Marra rompió la relación entre los afectados y los asambleístas de los viernes; trasladó los problemas al Palacio Municipal; los sentó ante El Jefe pero siguen sin aparecer las soluciones. Si el objetivo era calmar los ánimos y desestabilizar un foco de organización popular, su misión está cumplida.
Su accionar fue prácticamente un calco de lo realizado años atrás por Norma Irastorza, docente, dirigente de club barrial y concejal justicialista. Su presidencia en el Foro de Seguridad de Luján fue memorable. Demostró que se puede estar meses en un sitio sin concretar una sola acción y, a pesar de ello, ser premiada con una concejalía por cuatro años más.
Betty López, ex candidata de las últimas listas de la Unión Vecinal, es otra fomentista que cayó rendida ante el carisma político del intendente. Tiró por la ventana sus ideologías "sallaberristas" y se sumó el tren de la gestión municipal. Escaló desde la humilde sociedad de fomento del barrio Antigua Estación Basílica hasta el cargo -rentado, obviamente- de Coordinadora de Relaciones con la Comunidad y sus Instituciones.
Junto con la ex secretaria privada, concejal del PJ, encargada de asuntos ejecutivos, puntera de Villa del Parque y propietaria de dos celulares, Graciela Galarraga, López intentó lo mismo que Marra, pero con resultados hasta el momento insatisfactorios. Fueron las enviadas de Miguel para "absorber" en su favor el malestar de miles de abonados a los sistemas locales de televisión por cable. "Podrían reunirse en la Municipalidad", sugirió Galarraga en la primera reunión, con tono de absoluta inocencia.
En su segundo intento (asamblea del 3 de agosto pasado), pidió la palabra para ordenar la reunión y luego se escondió en su silla plástica cuando los vecinos reclamaron al gobierno municipal que haga cumplir las obras de cableado subterráneo. El premio consuelo lo consiguió López, quien al menos logró transformarse en la secretaria de actas de esa asamblea. Un logro -menor- para informar a su jefe.
Con causas un tanto más chicas, pero no menos importantes para la suma de votos, se encuentra Mirta Battelini y un puñado de fomentistas y punteras barriales. Mirta y sus chicas fueron las responsables del traslado de militantes, rentados o asustados (por la amenaza de perder sus ingresos) a la sesión inaugural del período ordinario de sesiones del (tipear Honorable sería exagerado) Concejo Deliberante.
Si por esas cuestiones de la vida misma, usted y sus problemas comunales se cruzan con algunas de las mencionadas, tenga presente que detrás de ellas siempre se esconde una misión. Nada de lo que hacen o deshacen es gratis.

 

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