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Las formas del poder
Aunque las situaciones de
constante injusticia dibujen otra realidad, estamos en
democracia. Por ende, el poder de decisión está en las
mayorías. Valga esta afirmación para las hipótesis que se
trazarán más abajo.
Trascendió en estos días que un grupo de banqueros fue quien
ejerció la presión en el gobierno nacional para pesificar
los ahorros de todos los ciudadanos.
También, en su momento, se dijo que Domingo Cavallo creó el
corralito por exigencia del exterior. Había que tomar
posesión de la propiedad privada para salvar a los bancos,
para salvar las relaciones con el exterior, aunque se
perjudicara a la clase trabajadora local.
Hoy somos testigos de otra demostración de poder: las
autoridades de las compañías petroleras que el menemismo
supo rematar, piden desde el exterior que el precio de los
combustibles se acerque a la depreciación del peso. No están
conformes con las últimas subas. "Estamos lejos todavía
de haber pasado el 100 por ciento del extracosto de la
devaluación del peso", dijo Antonio Gomis, director
corporativo de Relaciones Externas de Repsol YPF, desde alguna
oficina de Santander, España.
Como en el rubro combustible el poder está en el exterior, el
gobierno terminará acatando los mandatos de los empresarios y
el litro de nafta llegará costos imposibles. Total, la gente
aguanta.
En ese mismo camino de supuesta independencia y democracia,
ayer se venció el plazo para que las concesionarias o
propietarias de los servicios de trenes, peajes, agua, gas,
teléfonos y energía eléctrica presenten al Departamento
Ejecutivo sus pretensiones de aumentos tarifarios.
Pedirán, porque son dueños y señores de los bolsillos del
pueblo, un incremento que oscilaría entre el 30 y el 45 por
ciento. Sólo queda para la estadística el dato que
recientemente suministró Ibope, que habla de un 41 por ciento
de los encuestados con demora en el abono de las boletas y de
un 9,1 por ciento de desconexiones por falta de pago.
En respuesta a estas demostraciones de verdadero poder, el
gobierno del senador Eduardo Duhalde sólo escucha y, por las
dudas, refuerza la seguridad en las calles. Miles de efectivos
federales y bonaerenses están atentos porque, como se dice
siempre -y se dijo antes del 19 de diciembre pasado-, "la
gente no aguanta más", pero aguanta.
Los ejemplos mencionados nos confirman que el Poder Ejecutivo
en la Argentina está en manos impensadas, extranjeras,
desconocidas e ingobernables para un Estado débil, entregado,
vendido. Ante semejante realidad, los políticos de turno
están preocupados: por la ley de Lemas, las internas y sus
candidatos.
Sin embargo, no todo en el horizonte es pesimismo. Es
importante reparar en el dato que se mencionó en el primer
párrafo de este editorial: el poder, en democracia, lo tiene
la mayoría. Y la mayoría son los descontentos, los hartos de
los manejos político-económicos, los desocupados, los
hambreados. El día que esa mayoría vuelva a encontrar la
forma de expresar su poder -hace poco lo manifestó con
cacerolas-, los dueños de las decisiones tendrán que ceder
ante la voluntad del pueblo. Hasta que ello ocurra, seguiremos
siendo "colonia de la gallina de arriba/ liberalismo
mentira, desde que tengo memoria", como canta Gieco.
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