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Documentos de ayer y de hoy
En estos días, unos 4.577
documentos secretos norteamericanos desclasificados, revelan y
confirman datos sobre lo ocurrido en nuestro país en los
años de la dictadura militar. Exponen con crudeza los pactos
existentes entre las cúpulas militares argentinas, los
funcionarios de los Estados Unidos y sectores del poder de
ayer y siempre, como los sindicatos y ciertas autoridades
eclesiásticas.
Las recientes demostraciones de sorpresa de algunos
periodistas argentinos parecen increíbles. ¿Acaso no se supo
desde siempre que la dictadura militar argentina fue
organizada, entrenada, vigilada y protegida por los Estados
Unidos? ¿No se sabía que los norteamericanos repartían
dictaduras por América a los fines de alimentar sus intereses
económicos?
Los documentos detallan lo que siempre conocieron y callaron
los protagonistas y, en todo caso, confirman el nivel de
hipocresía que pueden esbozar las autoridades del "Gran
País del Norte". Con la información en tiempo real que
manejaron los funcionarios estadounidenses, ¿cuánta muerte
se habría evitado?
Ante la contundencia de los datos sólo queda esperar una
reacción. Porque si las cosas se hicieron y dijeron como
figuran en los textos desclasificados -hoy es prácticamente
una certeza-, hay responsables que deben pagar por el daño
irreparable, aunque hayan pasado más de dos décadas.
¿Qué hacer a partir de la verdad?, se deberían preguntar
las autoridades argentinas. Y además, como suele expresarse
en algunos diálogos de telenovela: "¿estás preparado
para escuchar toda la verdad?".
Hay sectores de la sociedad local que seguramente están
listos para recibir los contundentes datos de la historia,
pero otros, entre ellos los dirigentes políticos, prefieren
la nebulosa, la duda, la incertidumbre, porque si los hechos
se confirman habrá que juzgar a los responsables, muchos de
ellos protagonistas del poder actual.
Ante el horizonte que abren estos documentos, las preguntas
comienzan a fluir sin posibilidad de frenarlas. ¿Tendremos
que esperar 25 años para que algún día un funcionario
"yankee" decida desclasificar información en la que
se detalle el pago de coimas en el Senado o la contratación
entre IBM y el Banco Nación?
¿No resulta posible que dentro de muchos años una autoridad
política de los Estados Unidos desclasifique los documentos
que seguramente se están armando hoy bajo la carátula:
"La pobreza en la Argentina"?
En el marco de ese supuesto, no deberá sorprendernos si en
esos documentos encontramos diálogos entre los funcionarios
del Fondo Monetario Internacional y los ministros o
presidentes argentinos, en los cuales los primeros les exigen
a los segundos más ajuste para cerrar las cuentas. En esos
documentos aparecerá un Menem, un Duhalde o un De la Rúa (o
tal vez, como en la dictadura, prefieran usar
"alias") aceptando bajar el gasto en educación,
salud y acción social, aunque en la práctica eso signifique
indigencia y hambre.
Dentro de 25 años o más, habrá periodistas argentinos que
se horrorizarán ante las cámaras por los contenidos de esos
diálogos. Sin embargo, la información que estarían dando no
significaría ninguna novedad. Como hace décadas se supo que
los militares locales tenían el respaldo externo para encarar
el genocidio, hoy tenemos la certeza de que la pobreza y la
corrupción están digitadas desde el Norte. Y para afirmarlo
no precisamos desclasificar ningún documento.
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