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Persuadir y manipular
Existe un libro llamado
"La opinión pública y la propaganda", en el que el
intelectual Kimball Young analiza los procesos que atraviesa
la formación de una opinión pública y el delgado límite
que la separa de la manipulación. Manipular, en una de las
acepciones del Diccionario de la Real Academia Española, es
intervenir con medios hábiles y a veces arteros en la
política, en la sociedad, en el mercado, etc., con frecuencia
para servir intereses propios o ajenos. Tengamos frescos estos
conceptos para contrastarlos con el proyecto municipal para
cobrar una tasa de seguridad y así aportar al bienestar
general aunque, mal que nos pese, la responsabilidad de la
seguridad pública esté en manos provinciales.
Cuando algún organismo, entidad, gobierno o particular quiere
imponer acciones que afectan al conjunto de la sociedad, debe
lograr el consenso o el acuerdo de la mayoría de los
favorecidos, afectados o involucrados.
En su texto de investigación, Young enumera los pasos que se
deben seguir para concretar una acción con consenso. Y son
plenas las coincidencias con las medidas que adopta el
gobierno de Luján para llegar a imponer una tasa de seguridad
y, como segundo paso, obtener en el pueblo el mote de los
únicos capaces de pulverizar la inseguridad.
Primero: Algún tema o cuestión comienza a ser propuesto por
algunas personas o grupos interesados, como un problema que
exige solución. Se intenta en esta etapa delimitar una
cuestión en términos que provoquen discusión. El tema es la
inseguridad, lo proponen los funcionarios, entidades amigas
del gobierno y comunicadores sociales pagos.
Segundo: Comienzan a aparecer las preguntas en torno al asunto
propuesto. Se convierte en tema de conversación, se organizan
charlas, coloquios, conferencias. Aparecen noticias en los
periódicos, artículos, editoriales y hasta hay gente que se
moviliza para investigar hechos relacionados con la cuestión
y descubrir posibles soluciones. En Luján se realizó una
jornada consultiva sobre seguridad; es común observar a
concejales o funcionarios metiendo sus narices ante cada caso
policial y abundan las noticias sobre el tema.
Tercero: Madura el ambiente para que se propongan soluciones y
haya quien se oponga a ellas. La gente va tomando posición y
la temperatura emotiva sube. Los aspectos puramente racionales
del tema en tratamiento empiezan a ceder ante opiniones
instintivas, algunas basadas en estereotipos, lemas o slogans.
Los elementos irracionales cobran cada vez más importancia.
Subir el termómetro de la inseguridad no es difícil en
Luján, porque los hechos violentos se transformaron en una
constante. El gobierno trabaja con entidades amigas (la
denominada "territorial"), que le dan certeza
respecto de la posición a tomar: la que proponga el
oficialismo.
Cuarto: A través de estos movimientos generalizados se llega
a formar un cierto consenso. Las opiniones pueden haberse
polarizado y en todo caso se concentraron. Un sondeo de
opinión puede ofrecer una imagen gráfica o un esquema
numérico de las opiniones. Si la cuestión puede decidirse
por el voto, se vota. La mayoría decide y se supone que la
minoría acepta. En realidad, el problema ha encontrado una
solución a través de la participación intelectual y
efectiva de un número de personas. Como las ideas oficiales
se exponen ante instituciones cercanas o dependientes del
gobierno, el consenso es seguro. Y si hay que votar, en el
Concejo no hay dudas respecto de quiénes se imponen, porque
son doce (sobre 18) los concejales del Partido Justicialista.
La decisión aceptada se pone en práctica, con el consenso
que se consiguió luego de superadas todas las etapas
mencionadas. En ese caso, el gobierno municipal tendría el
respaldo para imponer una nueva tasa. Si las medidas resultan,
la gestión actual quedará como la gran guardiana de nuestra
seguridad. Si las cosas salen mal, "se trabajó con un
consenso" creado para manipular.
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