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Noche de ballet
Una excepcional bailarina

Noemí Szkleszynski se destacó ampliamente en el programa ofrecido el sábado en el Teatro Municipal. Distintos y coloridos pasajes de obras dieron cuerpo al espectáculo dirigido por Cristina Gesualdi.

Con una propuesta atractiva en títulos, el ballet se instaló nuevamente el sábado en el Teatro Municipal "Trinidad Guevara".
El encuentro permitió el acercamiento a un conjunto entusiasta y comprometido con el ballet nucleado en el grupo Danzas que dirige Cristina Gesualdi, enriquecido con algunos integrantes del cuerpo estable del Teatro Colón, entre los que se lució sobremanera Noemí Szkleszynski.
No es la primera vez que el conjunto de Gesualdi visita Luján. Lo hizo algunas temporadas atrás, y como ayer, se advirtió en su elenco femenino, un importante trabajo tendiente a dar brillo a muchos de los selectos pasajes escogidos. El trabajo manifestado en cada uno de los movimientos y un vestuario tan delicado como armonioso se dieron cita en este nuevo encuentro.
En consecuencia, el programa, variado, invitó a un momento grato en el que la música encontró el noble eco de bailarines dispuesos a entregar lo mejor de sí para deleite del público.
Al inicio se incluyó una pequeña suite de "Coppelia", el clásico ballet del que participaron Lola Terrazoli, Fernanda Marcucci, Yanina Di Palma, Natalia Ibáñez Fernández, Cecilia Quilodrán y Beatriz Soto.
Fue una introducción elegante, dinámica y bien recreada por el grupo.
Luego fue el momento de "Espartaco", obra que fue creada por Yuri Grigorovitch para destacar las cualidades de la danza masculina, en especial de Vassiliev, quien la estrenó. "Espartaco" no es ni un estadista ni un intelectual: la fuerza de su batalla emerge de sus propósitos morales y antes de traicionarlos, ofrecerá la vida. Pero por sobre el desempeño masculino, en el pas de deux escogido, pudo descubrirse el arte de una singular bailarina.
El fragmento permitió tomar contacto con la exquisita Noemí Szkleszynski, que demostró poseer una depurada técnica, ese hálito poco usual que distingue a las grandes bailarinas del resto. Junto a ella, se lució Néstor Azaf.
En "La bella durmiente" -que se vio a continuación-, la música de Tchaicovsky y la danza se adhieren una a otro conformando un ejemplo supremo de entendimiento artístico y representa en ballet los valores clásicos y la mayor pureza del estilo. La obra compleja en cuanto a cantidad de variaciones, números y escenas, demanda la más alta calidad técnica, estilo y homogeneidad. Y esto comprende tanto a los protagonistas como a los solistas del cuerpo de baile.
Aquí se incluyó el pas de deux que con encanto y buena técnica recreó especialmente Anina Basile y junto a ella, Martín Miranda.

La segunda parte
Una suite de "Cascanueces" integró la segunda parte del programa. La obra se basa en un cuento de Ernest Hoffmann escrito en 1816, que se llama "El cascanueces y el rey de los ratones" y se basa en los sueños y aventuras de Masha, a través de los mágicos poderes de su padrino Drosselmeyer. La fantasía se torna real en una noche de Navidad. Así, muñecos y juguetes cobran vida y el cascanueces, un regalo para Masha del padrino, se convierte en un príncipe soñado, que la defenderá de enemigos y horrores (el rey de los ratones y su séquito). Finalmente despertará los albores de la adolescencia en el corazón enamorado de la niña. Se trata de una de las partituras de Tchaikovsky más conocidas, estrenada en 1892 y la tercera música especial para ballet que el compositor creó.
Participó de este momento todo el nutrido elenco del ballet Danzas y en el pas de deux del cierre, la pareja que tuvo la responsabilidad de interpretar "Espartaco".
Al juego y precisión brindada por el grupo femenino, se unió nuevamente el arte de Noemí Szkleszynski, que remató con su pureza de movimientos y gracia, la suite de "Cascanueces".
Importa destacar que entre el grupo de danzarinas se anotó una vez más el nombre de Natalia Ibáñez Fernández, joven bailarina de nuestra ciudad, que exhibió su crecimiento artístico, y su noble empeño en alcanzar el máximo de rendimiento técnico. En cada nueva presentación aparece más espléndida en porte y depurada escuela, así como dueña de movimientos tan delicados como precisos.
Una abundante platea siguió con atención y muchísimos aplausos el desempeño de los bailarines, ocasión en que no faltaron los "bravos" de aquellos seguidores del arte del ballet.


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