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¿A quién voto?
Afirman los teóricos de la
comunicación periodística que una de las funciones del
editorial es la de juzgar, orientando así a todos aquellos
que busquen una situación ideológica en un mundo complejo
por sus múltiples aspectos y cambios. "Estos juicios de
realidad y de valor suponen, además, una nueva información.
Y genera la polémica social, siempre deseable en una sociedad
democráticamente plural y tolerante", escribieron Luisa
Santamaría Suárez y María Jesús Casals Carro en el libro
"La Opinión Periodística".
Existe consenso entre los comunicadores para señalar que el
editorial se escribe para producir algún tipo de reacción,
cualquiera sea. James Cayton, editorialista del The Washington
Post, asegura que esa reacción se conseguirá en la medida en
que se suministre información que el lector no maneja de
antemano, mediante argumentos que éste no ha considerado.
Si una de las tareas de esta columna es "orientar" a
quienes buscan una situación ideológica, el dilema de opinar
respecto de las próximas elecciones y la movilizadora
propuesta de "que se vayan todos" es enorme. Sin
embargo, no es sano caer en el silencio.
Todos los ciudadanos, en meses más o menos, enfrentaremos los
comicios para elegir a las máximas autoridades de la Nación.
No es necesario gastar fortunas en encuestadores para notar
que el común de la gente, esas mayorías que pagan la fiesta
de unos pocos, quiere que se vayan todos, pero sin ninguna
segunda intención.
Las asambleas barriales y asociaciones de piqueteros sostienen
el lema "que se vayan todos". Creen que los
dirigentes actuales tuvieron innumerable cantidad de
posibilidades de trabajar por y para el pueblo, y con sus
acciones de gobierno destrozaron esa confianza democrática.
Similar es la postura de los partidos de izquierda, que
pretenden un alejamiento masivo de los actuales funcionarios y
dirigentes, pero estiman que el mejor camino para la
gobernabilidad debe surgir de un boicot a las elecciones y una
convocatoria a asamblea popular y constituyente.
Los dirigentes y militantes del ARI, con Elisa Carrió a la
cabeza, también levantan la bandera de "que se vayan
todos". Ellos también tendrían que hacer las valijas de
sus despachos, porque son parte de ese todo. Entonces, ¿lo
hacen por pura honestidad ideológica, o esconden segundas
intenciones? Los seguidores de Carrió afirman que "hay
que apoyar el que se vayan todos, porque si ganamos no
podremos gobernar". Una lectura menos política podría
decir que quieren que se vayan todos porque los índices en
las encuestas les aseguran un notable crecimiento el día
después de las elecciones.
Existen posturas "panqueques". Son esas que se dan
vuelta ante la menor chance de acaparar adeptos. Hoy son
oficialistas y defensores del sistema; mañana cuestionan esa
ideología y pasado retoman la opinión inicial. Los ejemplos
abundan en los diarios y las pantallas: Adolfo Rodríguez
Saá, Carlos Menem, Rodolfo Terragno, Ricardo López Murphy,
Patricia Bullrich, José Manuel De la Sota, Néstor Kirchner,
Leopoldo Moreau, etc. etc. Lo que resulta increíble es que
detrás de sus vaivenes haya ciudadanos que les sigan
creyendo.
Ante semejante panorama, debemos ser sinceros: la encrucijada,
de cara a las elecciones, es muy compleja. Los ciudadanos del
"voto bronca" entendieron que su postura, aunque
mayoritaria, no arrojó los resultados esperados. Ganaron los
votos en blanco y anulados, pero los cargos los ocuparon los
mismos de siempre. Es más, incrementaron sus sitios de poder.
¿Otra vez habrá que elegir entre los menos malos y esperar
un cambio con los mismos de siempre? De no surgir un
movimiento alejado de los vicios político-partidarios; que
convoque a los genuinos representantes de todos los sectores
productivos; que deje a un costado cargos, sueldos y favores,
y tome a la gestión de gobierno como un sacrificio mal pago,
da la impresión de que el menos malo o el más hábil
mentiroso guiará nuestro destino de Nación en los próximos
años.
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