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El uso de la seguridad
La inseguridad es uno de los
problemas que más preocupa hoy en día a los vecinos de
Luján. Está cercano a otros flagelos que también golpean en
nuestro partido, como la desocupación, el hambre o la falta
de atención en salud pública, pero corre con un riesgo
extra: su utilización con fines políticos y electorales.
Si un gobernante logra paliar los índices de desempleo en su
distrito, su cuota de poder se refuerza casi de modo
instantáneo. Es más, sus aciertos trascenderían las
fronteras localistas. Sin embargo, en materia de seguridad e
inseguridad, los logros y los resultados son más inmediatos,
pero también efímeros. Hoy podemos sentirnos seguros y
mañana un asesinato en pleno centro hará tambalear nuestra
anterior creencia.
Con un puñado de detenciones; patrullaje en las zonas
desprotegidas; procedimientos para combatir delitos mayores
(con la saludable caída de algún pez gordo) y condenas
ejemplares para los casos que sacudieron a la opinión
pública, la sensación de seguridad surgiría enseguida.
Con todo, hoy estamos lejos de esa realidad. El temor ronda
las casas, comercios y calles de todo el partido de Luján. El
panorama local es desesperante. Con diferencia de horas, los
asaltantes, a cara descubierta y mano armada, se apoderaron de
dinero o mercadería de carnicerías, almacenes, ópticas,
confiterías, comercios de venta de materiales eléctricos,
entre decenas de rubros. En muchos casos, ellos dejaron la
yapa: maltratos y golpes a gente inocente que lo único que
intenta es trabajar dignamente.
Algo hay que hacer y para ello el acuerdo popular es unánime.
Por lo pronto, la policía tendrá que abandonar la trillada
excusa de la falta de recursos materiales y humanos. En pocos
días recibirá más dinero de "caja chica" para
llenar los tanques de combustibles e inundar las calles con
sus patrulleros y efectivos.
Además, tampoco servirá la justificación de la ineficiencia
por la falta de personal en la calle. Gran cantidad de
policías retirados o heridos ingresarán a las comisarías
para cuidar presos o realizar tareas administrativas.
Si esas medidas se hacen efectivas, el Municipio de Luján
deberá abandonar su idea de seguir metiendo la mano en el
bolsillo de la gente, en este caso para reforzar la seguridad.
El proyecto para imponer una tasa de seguridad dentro de la
(colmada de tasas y agregados) boleta de energía eléctrica,
habrá que desecharlo.
Todos los lujanenses sabemos qué hace el intendente Miguel
Prince y su corte de súbditos cuando ingresa dinero a las
arcas comunales: sueldo de funcionarios y empleados (no de
todos); derroches varios; plata para que se difunda
información oficial; viáticos a Mar del Plata o diversos
puntos de la costa atlántica, y muchas placas recordatorias
con las que se pasa a la eternidad el nombre del actual jefe
comunal. Hay gastos que son "comprensibles", porque
no debe ser sencillo recaudar un millón de pesos por año
solamente para cubrir sueldos ejecutivos.
Por ello, cuando se pide que se haga algo en materia de
seguridad, no se apunta al Municipio de Luján, porque
conocemos en demasía su inoperancia multidisciplinaria. Mal
que nos pese, la seguridad es preocupación provincial. Desde
las comunas sólo se puede apoyar, acompañar o exigir, pero
no delirar. El delirio será buen consejero para los artistas,
pero no para los funcionarios. |