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El estratega ineficaz
¿Cuándo se tomarán las
medidas? ¿Cuándo se asumirán los costos y se actuará para
frenar las situaciones irregulares que nos afectan a los
ciudadanos? ¿Cuándo se dejará de dar rodeos? Los manejos
políticos ¿darán paso a la acción seria en favor de la
gente?
Esas preguntas se pueden utilizar para plantear lo que nos
ocurre a nivel nacional, provincial y municipal. Quienes se
encuentran a cargo del poder dilatan lo que tiene que
resolverse con premura. Sin duda, una de las razones de la
eterna promesa radica en el sistema electoral que nos toca
vivir.
Visto desde lo teórico, resulta saludable que cada dos años
tengamos la oportunidad de elegir autoridades y modificar
rumbos equivocados. En la práctica, teniendo en cuenta que
estamos atados a un sistema de entrega y opresión extranjera,
las elecciones cada dos años parecen sólo una ventaja para
la mentira política.
Con esa frecuencia, los políticos con ambiciones de poder
siempre tienen los problemas sin solución como caballitos de
batalla para las "elecciones inminentes". Se arman
los temas de la campaña (que no es lo mismo que diseñar un
plan de gobierno) y en esa libreta se anotan una serie de
palabras: seguridad, trabajo, justicia, medio ambiente,
igualdad social, asistencia a los pobres, obras de
infraestructura, por sólo citar algunos ejemplos.
Esas palabras y una pizca de habilidad discursiva aseguran
oportunidades para la cosecha de votos. ¿Pero qué sucede
mientras tanto? ¿Qué se hace durante los meses y años en
los que hay que gobernar y dejar las campañas de lado?
Miremos en Luján y encontraremos gran parte de la respuesta.
La gestión de Miguel Angel Prince fue modificando su modo de
lograr consenso popular a medida que avanzaron los años, la
ineficiencia se hizo más notable y los bolsones de pobreza
crecieron como nadie podía imaginar. En los primeros tiempos
de gobierno "princista", los problemas se
consideraban "heredados". Y con una avalancha de
firmas de convenios de buenas intenciones en los meses previos
a elecciones, la continuidad estaba asegurada.
Años más tarde las cosas se complicaron para todos; para
gobernantes y gobernados. Entonces se armó "la
Territorial", un grupo de gente allegada al gobierno
municipal por intereses particulares varios. Esa estructura
ayudó en la búsqueda de acuerdos para tomar medidas y fue la
base para encarar la cosecha de votos en los barrios.
Sin embargo, la estrategia era escasa. Eran muchos los
sectores de la sociedad lujanense que se quedaban al margen de
la "absorción" oficial. Y en ese momento -para
ubicarnos en el tiempo, un par de años atrás- a la gestión
de Prince se le ocurrió la más nefasta de sus ideas: la
creación constante de comisiones, comités ejecutivos o
grupos multidisplinarios.
Con esas agrupaciones impulsadas desde el gobierno, la
administración municipal se aseguró el compromiso de
incontables entidades que, a través de sus miembros, se
sienten parte de las decisiones, cuando en realidad sólo son
usadas para dilatar la toma de medidas. A contramano de las
bases del "general", Prince arma comisiones para
solucionar los problemas. Mucho anuncio, mucha pompa, pero
nada concreto.
De la mano de esa estrategia política el intendente gana
tiempo en materia de medio ambiente (comisión para estudiar
la salud de Jáuregui), salud (comisión para salvar al
Hospital Municipal), seguridad (comisión para estudiar una
planificación) y acción social (comisión de Emergencia
Social, Territorial), entre otros aspectos de la gestión.
Esa hora de que los "absorbidos" por el imán
"princista" se den cuenta de las segundas
intenciones, de la intencionada pérdida de tiempo, reaccionen
y comiencen a exigir respuestas.
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