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Caminos alternativos
Hay otra manera de hacer las
cosas. Cientos de personas de Luján y de los más remotos
sitios del país están demostrando que hay posibilidades de
crecimiento, de ayuda y de progreso mucho más allá de los
acuerdos con el Fondo Monetario Internacional; de las
insoportables internas partidarias; de las acciones nefastas
de un Estado entregado a los intereses extranjeros.
De acuerdo a los datos que sólo algunos medios de prensa
dieron a conocer en las últimas semanas, más de 10 mil
personas tienen trabajo asegurado mediante el sistema de
producción cooperativo.
Serían cerca de cien las fábricas que volvieron a poner en
marcha sus máquinas por el esfuerzo de un grupo de personas
que no se resigna a bajar los brazos ante la crisis.
Afirman los que están ligados a esta alternativa laboral que
la conformación de cooperativas ayuda a la obtención de
créditos y no hay demasiados escollos desde el punto de vista
jurídico. Lo cierto es que la industria cooperativa da
trabajo y sueldos promedio de 1.200 pesos, en sectores
productivos que se pensaron muertos, como la mecánica, el
metal, los materiales para la construcción y hasta el
transporte público de pasajeros. Como se ve, no está nada
mal.
Ante un Estado ausente, afortunadamente es la gente común la
que se multiplica y organiza para decir presente. En nuestra
ciudad también tenemos muestras de ello. El fin de semana fue
una catarata de acciones solidarias para ayudar al Hospital
Municipal "Nuestra Señora de Luján".
La gente puso el esfuerzo y las ideas para paliar una
situación que entienden como desesperante e injusta. Para el
gobierno municipal, la forma de reparar las enormes grietas en
la salud pública es a través de la conformación de consejos
consultivos, administrativos o destructivos, como deberían
llamarse en realidad. Se piensa en las estructuras y no en las
necesidades.
El intendente y sus colaboradores creen que un invento como el
PRISAM (Programa de Integración para la Salud Mental)
ayudará a todas las partes intervinientes, cuando los
profesionales y los trabajadores del Hospital (a pesar de sus
lamentables diferencias) siguen sacando plata de sus bolsillos
para comprar gasas.
A esos formalismos peligrosos, la gente común le opone
solidaridad, acción, medidas concretas. Los que saben bailar
folklore pusieron sus habilidades a disposición de una causa;
la misma que movilizó a un grupo de bandas de rock; a una
lujanense que reside en Bélgica o a los asambleístas de cada
viernes a la noche.
Y como último recurso, se planifica la inmediata realización
de un piquete justo frente al Palacio Municipal, porque sólo
lo que se expone en la cara parece que existe para el gobierno
municipal.
Hoy, las cooperativas de trabajo y las organizaciones
solidarias se calzan en sus espaldas las responsabilidades que
el Estado no tiene ganas de asumir. Nos demuestran, con gestos
por momentos muy pequeños, que hay caminos para buscar la
salida. Y que esos caminos no son los que pretenden vender los
candidatos de moda.
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