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Ellos son los dueños


Otra vez quedó expuesta la gran mentira del gobierno municipal. "Los problemas los tenemos que solucionar con el diálogo, nunca con el enfrentamiento", dijo hace meses el intendente Miguel Prince y ahora repiten como loros los concejales de su partido. Lo dicen ante cada ocasión que se les presenta porque saben que la realidad es muy distinta. Saben que íntimamente les gana una especie de fibra patotera.
Las falencias del gobierno municipal son tan grandes y peligrosas, que no les queda margen para el diálogo, porque cualquiera que les exponga a los funcionarios las necesidades en materia de salud pública, medio ambiente y asistencia social, los dejará mudos.
Ante esto, en lugar de movilizar a toda la estructura de gobierno para subsanar los errores, se convoca para patotear; para defender la ineficiencia por la fuerza. Y ese es el extremo más bajo en el que puede caer una gestión que se dice democrática y pluralista.
El circo violento del intendente Miguel Prince volvió a armar la carpa que utilizó en el acto inaugural del período de sesiones ordinarias del Concejo Deliberante.
El miércoles pasado fue para "defender lo que es nuestro", según explicaron los reclutados por los funcionarios municipales y el impresentable dirigente del Sindicato de Empleados Municipales, Enrique Peñalba. Sí, el mismo que tiene sólo un puñado de afiliados; que atravesó decena de causas sobre presuntas irregularidades; que mantiene confusas cuentas con la patronal y que utiliza la ambulancia de todos los afiliados para pasear con su familia en costosas incursiones de pesca.
¿Qué es lo nuestro según la interpretación de Enrique Peñalba, los concejales Eduardo Gallego, Oscar Rivada, Jorge Artero, Jorge Moronta, Rubén Leopardi, Graciela Galarraga, Silvio Martini o los funcionarios José Irrazábal, Pablo Girotto, Luis Vanín o Gustavo Sicca? Cada uno sabe qué es lo de ellos. Qué es lo que tienen que defender con patoterismo y provocación. Lo que es seguro, es que lo de ellos no es el Hospital Municipal, una administración transparente y una gestión digna para todos los ciudadanos.
Con pequeñas diferencias, todos los mencionados defienden una causa: la causa política, que choca contra la causa del pueblo. A Peñalba, Vanín, Sicca, Girotto y los concejales del PJ les importa un bledo el estado del Hospital. Como todo político malo, lo utilizan de pantalla para pelear por sus intereses mezquinos. Ellos quieren seguir cobrando sus sueldos, siendo parte del poder y repartiendo cargos o planes entre los allegados.
"¿Enrique, por qué estamos acá?", preguntó unos de los patoteros del miércoles. "Lo que pasa es que esa gente que está enfrente viene a tomar la Municipalidad, a romper todo y nosotros venimos a proteger nuestra fuente de trabajo y a la Municipalidad, que es nuestra", dijo Peñalba.
Es cierto, la Municipalidad es de ellos, pero en el peor sentido de la expresión. Ellos son los dueños y señores de la Municipalidad. Los que cobran sin trabajar; los que están dispuestos para los trabajos sucios; los que aprietan a los disconformes. Aquellos que demuestran coraje para reclamar cambios y atención en salud no son dueños de la Municipalidad. Para ellos sólo queda la vereda de enfrente. En la vereda del Palacio Municipal están los señores municipales.

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