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Robaron en una casa mientras la familia dormía
Trabajaron toda la noche

Uno de los ladrones fue sorprendido por el padre de familia cuando se levantó para ir a trabajar. En ese momento la banda debió escapar por los techos y los patios de las otras casas de la manzana. Pero para ese entonces ya se habín apoderado de una importante cantidad de elementos de valor.

Mientras una familia dormía, al menos cinco ladrones invadieron su casa para robar. Esto ocurrió entre las 4 y las 6 de la madrugada del jueves. Los ladrones se llevaron gran cantidad de elementos del fondo de una casa de Almirante Brown al 1000 (entre General Paz y Sarmiento) y debieron escapar porque el padre de familia sorprendió a uno de los delincuentes en el garage del domicilio.
Desde esa madrugada, los cinco integrantes de la familia duermen con la sensación de que, en cualquier momento, alguien los puede despertar apuntándolos con un arma. El sentimiento de haberse sentido invadidos les duele más que la cantidad de cosas de valor que se llevó la banda de delincuentes.
Todo indica que los ladrones conocían a la perfección el fondo de la vivienda y que con unos días de anticipación estudiaron los movimientos de la familia y de los demás vecinos.
En el patio de la casa hay un departamento, independiente del domicilio donde habita la familia damnificada. Tiene una pequeña cocina, una sala de estudio, el lavadero y un galpón. Ese patio se comunica con el fondo de una casa abandonada a la que puede acceder cualquier persona. Y ese fue el camino que eligió la banda para poder ingresar.
Estaban tan seguros de los pasos a dar que ni siquiera los frenó una alarma de un comercio de la calle Dr. Real (en la misma manzana), que habrían activado cuando llegaron al lugar elegido para el robo.
Una vez que rompieron un cerco divisor, comenzaron a preparar el botín. Tomaron dos cajones y los cargaron de comida que había en la habitación trasera. María Rosa, madre de familia, estima que los sujetos estuvieron durante dos horas "trabajando" en el lugar.
Lo primero que hicieron fue cortarles el cable de teléfono por si alguien se despertaba y, al escuchar ruidos extraños, optaba por llamar a la policía.
Luego cargaron una cortadora de césped, una tijera para el cerco, tres mochilas de viajero, una bolsa de dormir, una agujereadora, un lavarropas, una máquina de coser, el equipo de música que tenían en el cuarto de estudios junto con algunas partes de una computadora y una plancha.
Los ladrones dejaron marcado el camino: cargaban las cosas, las pasaban por el cerco al patio lindero y las sacaban por la casa abandonada. Por otra parte, María Rosa contó que había dejado un canasto con ropa para planchar y con zapatillas. Esto también fue tentador para los delincuentes.
Por último, los ladrones sacaron las bicicletas. Sólo pudieron llevarse una, porque cuando uno de ellos estaba sacándola por el portón de entrada a la casa fue sorprendido por Juan Carlos, el jefe de familia.
Juan Carlos se había levantado para comenzar su día como lo hace cotidianamente. Mientras estuvo en el interior de la casa no sintió ningún ruido. Pero al intentar salir para ir a trabajar se encontró con un ladrón.
Según contó, ese momento fue desesperante. Levantó el teléfono para llamar a la policía y no tenía línea. Ese tiempo fue suficiente para que la banda de delincuentes pudiera escapar.
El ladrón silvó para dar la contraseña de que algo había salido mal. Muchos corrieron por la casa abandonada y otros se subieron a los techos. En la huida, los ladrones debieron abandonar algunas de las cosas robadas tales como la comida, parte de la computadora, la billetera de uno de los hijos y el monedero de María Rosa. También dejaron las dos tablas de surf que tenían listas para cargar.
Un vecino que escuchó los movimientos, salió a la calle y llamó a la policía. Sin embargo ya era tarde. Los ladrones habían podido escaparse del escenario del delito. Y el patrullaje policial fue en vano.
Hoy la familia de la calle Alte. Brown no tiene palabras para reproducir la indignación que tienen y el dolor de haber perdido pertenencias que, en estos tiempos de crisis, será muy costoso recuperar.


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