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Brota el cambio
Qué problema para las
tradicionales estructuras político-partidarias si los
sectores más necesitados de la sociedad se comienzan a
organizar. Qué problema si los pobres de Luján -como de
cualquier punto del país- comienzan a encontrar herramientas
de independencia económica y, como paso siguiente e
inmediato, de independencia ideológica.
Qué problema si esas enormes cantidades de personas dejan de
mirar a la señora Iris Bustos y su jefe (o sus equivalentes
en otras gestiones) como especies de dioses, que reparten y
multiplican el pan a discreción, a cambio de favores
posteriores, que siempre se terminan cobrando.
Las bases para que esos problemas empiecen a rondar por las
cabezas de los funcionarios y su séquito disciplinado están
creciendo. Así lo demuestra uno de los tantos ejemplos que
podemos tomar de la sociedad lujanense: la proliferación de
modos de producción familiar que ayudan a paliar, al menos,
parte del hambre al que nos condena la política social,
económica y partidaria que aplican los gobiernos actuales.
Todos esos dirigentes dicen ser peronistas (intendente,
gobernador, presidente y la inmensa mayoría de sus
colaboradores) y, por ende, defender los derechos y garantías
de los trabajadores, de los desposeídos, de los marginados.
Pero a la hora de la acción, Juan Perón y el combate al
capital quedan marginados por la entrega del patrimonio. Y del
peronismo sólo toman los defectos. "Hoy nos gobierna el
peronismo burócrata", expresó el profesor Ricardo
Zofío en una charla reciente realizada en la Universidad
Nacional de Luján.
En nombre de ese peronismo, incrementan los índices de
pobreza, "atacan" a la indigencia con 150 bonos
mensuales y convocan para defender a palos al sistema
establecido (léanse las crónicas del piquete frustrado para
reclamar por mejoras en el Hospital).
Sin embargo, en Luján, en una vereda opuesta a los manejos
burócratas, un grupo de profesionales o cercanos a serlo,
educados con recursos del Estado, trabaja "ad
honorem" (afirman que "para devolver algo de lo que
recibimos") para sembrar la semilla de la producción
familiar, comunitaria o cooperativa, lejos del
asistencialismo, sin ataduras ideológicas.
Ya son 600 los sobres de semillas para huertas que estos
jóvenes de la UNLu entregaron a personas carenciadas de las
localidades y barrios de nuestra ciudad, jaqueados por la
pobreza, como el Ameghino, Santa Marta, San Jorge, San
Fermín, entre otros.
Si esas semillas prenden en las tierras fértiles de la zona,
no sólo se generará alimento sano y a ínfimo costo para
familias con necesidades extremas. También comenzará a
germinar una saludable idea de que no todo tiene que venir de
las manos sucias del gobierno de turno.
Muy de a poco, los sectores que están obligados a entregar su
dignidad a bajo precio -a cambio de una bolsa de mercadería o
150 bonos mensuales-, comenzarán a notar cierta
independencia. No es sencillo. Esas semillas brotan lentas. Y
se riegan con esfuerzo, educación y tenacidad,
características alejadas al típico "argentino" que
supimos construir.
El "argentino" al que estamos acostumbrados no
siembra y cuida su huerta. Prefiere debatir cómo sostener los
beneficios de las jubilaciones de privilegio o cómo cajonear
el juicio a la cuestionada Corte Suprema ¿de Justicia? |