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Un actor que, a cada paso, "afirma teatro"
Mauricio Markert y la patria profesional

Tiene 34 años. Nació en una familia de artistas. Acaba de iniciar talleres de teatro destinados a chicos y adultos.

- No vas a empezar la nota con una descripción de mi casa, como hacen en las revistas -pide Mauricio Markert antes de que el grabador se ponga en marcha-.
-No, quedate tranquilo.
La casa de Mauricio Markert está ubicada en la planta alta de una vivienda céntrica, y tiene un coqueto balcón que se abre sobre la calle Mariano Moreno. En la puerta de entrada, adherido a la pared, un papel aclara que el timbre no funciona. Y agrega: "Grite (agudo) o toque el silbato".
De un piolín, amarrado a una de las rejas de la puerta, cuelga un diminuto silbato de plástico, que el dueño de casa pidió prestado en un negocio vecino. Si no queremos someternos a la prueba de proferir un grito agudo y que los vecinos nos miren con cara rara, hay que soplar. Recién entonces Mauricio baja y abre la puerta.
Para llegar a la casa hay que atravesar un pasillo, pasar junto a una sucesión de puertas que se abren a cuartos vacíos y subir una escalera que bordea la pared. Una vez arriba, el visitante siente que acaba de ingresar a un barco que atraviesa el océamo, silencioso y con rumbo sostenido. Puede que la comparación carezca de originalidad, pero nunca una imagen más adecuada para describir el hábitat donde en la actualidad pasa sus días este actor nacido en Luján, con 34 años y dos hijos, que acaba de empezar a dirigir talleres de teatro (ver recuadro).
Hay cuadros en las paredes, libros por donde se mire y una pequeña escalera que conduce a la terraza, desde donde se puede contemplar la parte de atrás de la Municipalidad. Desde ese ángulo insólito, el edificio comunal se asemeja a la vieja y misteriosa casona de los Locos Adams.
Todas las puertas y ventanas están abiertas, pese a que la tarde en la que se realiza esta nota no es de las más calurosas. Eso no importa mucho: a Mauricio le gusta que el viento corra por los cuartos de su inalterable trasatlántico, más allá de que por momentos la tarea de encender una simple hornalla se convierta, para él, en una batalla desigual contra las fuerzas de la naturaleza.
Este escenario es el laboratorio de lo que Mauricio llama "la patria profesional", sirviéndose de términos teóricos referidos a la actividad teatral, profesión que abrazó desde muy chico y con la que ahora, afirma, está más comprometido que nunca. "La patria profesional es el territorio de tu oficio", aclara.
Mauricio se mueve en este contexto preciso, sin fisuras. Mientras, a cada paso, "afirma teatro", como le gusta decir. "Muchas veces habité la patria profesional, pero la tocaba por un tiempo y después me iba", cuenta.
Se refiere a ciertos baches abiertos en su profesión, cuando diferentes circunstancias (viajes a Europa, proyectos, mudanzas) lo condujeron a "negar teatro" para ocupar determinados roles en los cuales, con el tiempo, se fue dando cuenta que no encajaba.
"Ahora todo lo hago con el corazón, y con el corazón elijo cuántas horas le dedico a mis hijos, al arte o a mi mujer -define-. Cuando yo pienso y vivo teatro soy feliz. No tiene sentido dejarse atrapar por los distintos sistemas".
De pronto menciona a Jorge Luis Borges. Dice que durante años, por un prejuicio inexplicable, se había negado a leerlo, hasta que el azar lo condujo a uno de sus libros.
Fue durante una larga y solitaria temporada que pasó en Berlín (Alemania) cuando leyó la obra completa del más reconocido de los escritores argentinos y quedó deslumbrado por el efecto de su prosa hipnótica. "De Borges aprendí muchas cosas, entre ellas que para ser feliz es necesario ser valiente. Esto explica la razón por la cual, en este momento, le dedique a este oficio las horas más importantes de mi vida", señala.

EL SENTIDO DE COMUNIDAD
Mauricio no se queda sólo en la práctica, sino que profundiza en textos teóricos y busca llenar de sentido la profesión teatral. La lectura y el aprendizaje no sólo le resultaron útiles para el crecimiento profesional, sino que le brindaron claves fundamentales para dotar de significados su propia vida.
"El teatro tiene tres raíces antropológicas, sintetizadas en lo sacro, lo lúdico y lo festivo", dice. Y afirma que cada una de estas partes se complementa para formar un todo capaz de llenar de vida cualquier cuerpo inerte.
"Yo trabajo con la energía, con la catarsis, con el actor que repite mucho un texto o una palabra, un ritmo", completa, al tiempo que indica que a través de la energía es posible, incluso, aflojar estructuras sociales. "Llegado este punto uno puede desvincularse de la mirada exterior, un rasgo esencial para actuar", subraya.
En el plano conceptual, define al teatro como una actividad cuya expresión ideal está ligada al sentido de comunidad. "En la actualidad suele ponerse mucho la mirada en el individuo, en el sujeto único como actor -sostiene-. Vemos muy poco teatro realizado por grupos teatrales".
Por otro lado, reniega de los rótulos y de los estereotipos que tienden a uniformar tanto actividades como roles y que generan pensamientos en serie. Y lamenta que haya desaparecido la "vibración" que, en el pasado, supo caracterizar al oficio. "En distintos lugares donde pregunto qué es un actor me responden cosas diferentes. Para algunos los actores son los que están en el teatro, para otros los artistas itinerantes de circo, para la mayoría los que salen en la tele. Y así...".
Más que la pasión, a Mauricio parece moverlo la certeza de estar en el mundo con un sentido concreto. Por eso afirma que le gusta ver cualquier clase de teatro, más allá de la cultura a la que pertenezca. "Viajar te permite entrar a distintas escenas, con distintos idiomas, con estructuras políticas que pueden ser pensadas como códigos o reglas de juego", dice.
"Cuando yo entro a ver mi oficio me pasa, calculo, como le debe pasar a un carpintero cuando ve muebles que se hicieron en distintas épocas o en otros países -continúa-. Me gusta ver de qué forma conciben el universo personas diferentes a mí, cómo ponen en escena lo festivo, el juego y la religión. Temas que, en el fondo, plantean los mismos conflictos que vienen persiguiendo a la humanidad desde sus orígenes".

Para todas las edades
Los talleres de teatro que coordina Mauricio Markert están dirigidos a chicos y adultos. Los cursos se realizan en la Casa de la Juventud, ubicada en Rodolfo Moreno 650. Las clases dirigidas a los adultos se llevan a cabo los miércoles y los viernes, a partir de las 10 de la mañana. Los chicos concurren los martes a las 15. Está abierta la inscripción para todo aquel que quiera participar.


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