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Asalto en una rotisería de Rivadavia y Dr. Muñiz
Dos robos en tres meses

Jóvenes armados asaltaron a mano armada la casa de comidas "El Deleite". Cuando huían con 20 pesos, cuatro tartas y un radiograbador, vieron la moto del propietario y regresaron a buscarla. Escaparon en dirección a la plazoleta. La policía aún no dio con los delincuentes.

Continúan los asaltos a mano armada en el centro de la ciudad. Esta vez, le tocó a la rotisería "El Deleite", ubicada en la avenida Dr. Muñiz esquina Rivadavia.
Juan Manuel Piovesán ya perdió las esperanzas ante la falta de respuesta que existe por parte de la Comisaría Primera de Luján. Es la segunda vez que es víctima de un asalto en su comercio en menos de tres meses. Pero en esta ocasión asegura que lo invadió la desesperación y se vio acorralado por la impunidad con la que trabajaron los ladrones.
A diferencia de la primera vez, el jueves, Piovesan estaba en el local junto a su esposa Lorena y su hijo de 4 años. Desde que abren sus puertas al público hasta que las cierran, la pareja atiende por una ventana que da a la calle Rivadavia.
Ante el incesante aumento de delitos, Piovesan prefiere mantener la puerta cerrada aunque ese factor reste algunos clientes. De todos modos, esta vez un pequeño descuido fue aprovechado en un cien por cien por ladrones que están al asecho de toda situación provechosa.
Cerca de las 20, el propietario despidió a un cliente y cerró la puerta con una débil traba, olvidando ponerle llave. Cuando ya estaba en la cocina, junto a Lorena y su hijo, escuchó que la puerta se abrió de una manera "un poco violenta", relató ante EL CIVISMO.
De inmediato se asomó, "pero uno de los ladrones ya estaba detrás del mostrador", dijo. Eran dos jóvenes que tenían cada uno un revólver en la mano. "Danos todo y no te hagas el piola", amenazó uno de ellos a Piovesán.
El comerciante no dudó en proteger a su hijo y cubrirlo con su cuerpo en la cocina. Mientras uno custodiaba los movimientos de la familia en la parte de la elaboración de las comidas, el otro quitaba todo el dinero que había en la caja registradora, que no eran más de 20 pesos.
A su vez, elegía qué llevar para incrementar el botín. Tomó cuatro tartas y el radiograbador de una repisa. Cuando ya estaban listos para huir, observaron que en uno de los costados del local estaba la moto de Piovesán.
Era una Gilera de 100 cilindradas, modelo 2000 color bordó sin patentar, que el matrimonio había adquirido hacía pocos meses y que aún estaba pagando. "Dame la llave de la moto", dijo uno de los ladrones.
Lorena, pensando en el esfuerzo que les genera pagar mes a mes cada una de las cuotas, les pidió por favor que no se la llevaran. Sin embargo, el ladrón no tuvo piedad y les dijo que si no le daban la llave se pondría "loco".
Los comerciantes no quisieron poner en peligro la vida de su hijo y esperaron en silencio hasta que salieran del local. Los delincuentes no fueron nada disimulados. Para sacar la moto abrieron las dos hojas de la puerta y la encendieron en la vereda a la vista de todos los vecinos.
Como no es tan simple el sistema de la caja de cambios del rodado, les costó levantar velocidad. Eso le dio tiempo a Piovesán para correrlos y ver en qué dirección escapaban.
Se dirigieron por Rivadavia hacia la Plazoleta de los Peregrinos, pero cuando tomaron la curva y contracurva en el barrio San Cayetano, el comerciante los perdió de vista.
Mientras Piovesán intentaba seguir a los ladrones, Lorena llamó a la policía pero fue en vano. Durante un tiempo importante el teléfono le dio permanentemente ocupado. De todos modos, un móvil policial llegó al lugar y recabó los datos suficientes para salir a buscarlos.
"Bueno, cualquier novedad les avisamos", les dijo un policía al matrimonio. Hasta el cierre de esta edición no tuvieron noticias de los ladrones y la moto no la recuperaron.
La familia Piovesán continúa atendiendo a puertas cerradas pero con el permanente miedo de que mañana o pasado sean una vez más víctimas de la delincuencia urbana que se vive en las calles de Luján.


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