|
Intactos y mintiendo
Las noticias de la semana
pasada -y algunas de estos días- parecen extraídas de
diarios de hace dos, cinco y hasta ocho años atrás. Da la
impresión de que en la Argentina no pasó nada y lo que es
peor, de lo sufrido no aprendimos nada.
Los diarios de la Capital Federal, por inocencia o favores
ocultos, nos vuelven a vender el "pescado podrido"
de la pelea entre el presidente de la Nación, Eduardo Duhalde
y el precandidato a ese cargo, Carlos Saúl Menem. Hace
décadas que escuchamos esas historias, que siempre terminan
con un abrazo, una repartija de cargos, silencios y una
estocada en la espalda del pueblo. En todo caso, si la pelea
existe, ya sabemos hacia dónde conduce: más desocupación,
más miseria y menos acción para salir del pozo.
Pero este dato de la supuesta lucha entre dos titanes del
peronismo no es la única noticia que nos prende la alarma del
estancamiento. En otras páginas -el diario lo dejamos a libre
elección- siguen apareciendo noticias de los dinosaurios de
la política, que resisten a la extinción y nos intentan
vender sus espejitos de colores.
Ahora ninguno de los postulantes para "refundar" el
país estuvo en el poder; jamás ocupó cargos; no los tiene
ahora, y no se sienten responsables por absolutamente nada de
lo ocurrido en las últimas décadas.
El caso más notorio es el de Carlos Saúl Menem, que
disfrutó con su entorno de diez años de fiesta y de un
mentiroso uno a uno, que todavía no sabemos cómo ni cuándo
terminaremos de pagar.
A su lista se agregan muchos personajes más, que pasaron por
funciones públicas de relevancia pero creen que la sociedad
les tiene que seguir dando oportunidades, porque ellos no son
culpables de la debacle. Entonces encontramos candidaturas
como la de Ricardo López Murphy, quien con el libro del FMI
debajo del brazo nos vende el discurso del crecimiento a
partir de una economía rígida. ¿Hace falta aclarar que la
economía rígida equivale a más hambre, más desocupados,
más fábricas cerradas y menos inversión en salud o
educación?
También se anota en la carrera presidencial un grupo de
radicales que estiman posible revertir la imagen que sus
correligionarios, o que ellos mismos, construyeron a fuerza de
fracasos continuos. Y surgen la foto y las palabras de
Leopoldo Moreau, el eterno legislador, que dice que su
propuesta "sacará al país de la crisis y la gente
volverá a creer". Algo parecido a lo que afirma Rodolfo
Terragno, el mismo de la Alianza y la Jefatura de Gabinete en
el dormido gobierno de Fernando De la Rúa. "La gente
quiere a alguien que no se caiga del caballo", afirma,
inmutable.
Otro disponible es Adolfo Rodríguez Saá, un personaje
impresentable de la farándula política, que limpió su
pasado para mostrarse como la alternativa en un rejunte que
suma a Melchor Posse y al excarapintada Aldo Rico, un
"suertudo" de la democracia.
Aquellos que pensaron en Luis Zamora como el sujeto de las
ideas distintas tienen su propuesta cercenada. "Escriban
papeles con la frase `Que se vayan todos así podemos
comer", sugirió Zamora en estos días, al anunciar que
no se presentará en las próximas elecciones. Esos votos
fueron mayoría en los últimos comicios y así nos fue.
Como se podrá apreciar, atrás quedaron los cacerolazos
masivos, los saqueos y las urnas repletas de votos bronca,
dándole la espalda a los políticos de siempre y a los
discursos que ya no convencen a nadie. Pero las figuras están
intactas.
La solución tiene que llegar a través de los caminos legales
y establecidos, que están trabados por los dinosaurios de la
política partidaria. El candidato de la gente es sólo un
programa de televisión. Y las asambleas y movimientos
populares siguen sin armar una estructura con proyección. El
drama está a la vista, pero la salida no. |